Gruñó bajo, vibraciones zumbando a través de su núcleo, sus dedos uniéndose al asalto. David embistió profundamente en su agujero de follar mientras su lengua azotaba su clítoris sin piedad. «Puta traviesa, goteando jugos por mi barbilla de esta manera. Córrete ahora, perra asquerosa. Inunda la boca de papi con tu corrida», instruyó David mientras golpeaba su coño y la lamía de arriba abajo sin piedad. «Sí. Sí, sí papi, sí», gimió Anna en éxtasis, su cuerpo convulsionando mientras el clímax la golpeaba como una ola, sus gritos resonando contra las paredes de la cocina. Aún estaba perdida en el éxtasis orgásmico cuando David se puso de pie, limpiándose la boca brillante, su polla formando una tienda en sus pantalones. «Solo hay una forma en que realmente aprenderás, ¿no es así, Anna? Pa

