Los ojos de Anna se dispararon hacia arriba para encontrarse con los de David. Seguramente no quería decir… por supuesto que no, Anna. Papá estaba borracho anoche. Fue algo de una sola vez. Su corazón latía como un tren de carga mientras se acercaba arrastrando los pies. Su coño no escuchaba a la razón, un dolor lento estallando entre sus piernas cuando él se dejó caer en el borde de su cama. —Papá, lo siento. Por favor, no mi teléfono —dijo Anna, con el pecho agitado mientras suplicaba. La polla de David se removió mientras la arrastraba sobre su regazo de un tirón brusco. Solo estaba disciplinando a su hija, se dijo a sí mismo, mientras le bajaba los shorts y las bragas de un tirón rápido. Esto no se parecía en nada a lo de anoche. Tenía que hacerse para que Anna dejara de hacer el t

