«Puta de mierda. Deja de disfrutarlo. Ni se te ocurra que te guste», dijo él, con la culpa ganándole terreno mientras la doblaba de nuevo y le metía el meñique en el culo, luego un tercer dedo en su coño. —Sí. Sí. Sí. Oh Dios, papá. Sí —gritó la voz ronca de Anna. Ella se hizo añicos en los dedos de David justo cuando él empezó a embestir su culo y su coño, mientras le azotaba las nalgas con fuerza. —David. Joder. David, sí —gritó Anna, mientras el orgasmo la atravesaba como una tormenta, sus jugos salpicando sobre la mano de él. —Es jodidamente papá, puta zorra. ¿Crees que puedes llamarme David solo porque te estoy metiendo los dedos en el culo y el coño? Esto es por tu propio bien, Anna —le dijo él, sacando el meñique de su culo de un tirón y metiéndoselo en el coño mientras ella se

