—Gracias por acompañarme —dijo Linda con naturalidad, mientras cambiaba de marcha—. Me vendrá bien tu punto de vista para escoger la carne de mejor calidad y las especias que tengamos que probar. —Más bien, gracias a ti por considerarme —respondió él, esbozando una sonrisa tenue—. Desde que llegué a Altamirano Gourmet, tu padre me ha dado oportunidades que ni soñaba. Y ahora, trabajar codo a codo contigo para renovar el menú es… un reto emocionante, una mezcla de gratitud y desafío que se notaba en cada palabra. Linda ladeó la cabeza con curiosidad. —Debes tener una historia interesante. He oído por ahí que tu trayectoria es muy autodidacta, ¿no? Luciano pareció titubear. Confirmó con un gesto que sí, su historia era peculiar, pero no ofreció detalles. Linda notó esa reserva y no quiso

