A mi merced

1844 Words

—Mírate… el gran chef, reducido a un simple objeto a mi merced. —Su placer era evidente, enfermizo—. A ver si así te quedan ganas de traicionarme, sabandija. Luciano bajó la vista, con la sangre hirviendo en las venas y los puños cerrados, incapaz de articular palabra. Su mente estaba en ebullición, pensó en reducirla, desarmarla, huir, saltar por la ventana si era necesario, pero el cañón del arma, apoyado con frialdad en su frente, lo anclaba al presente como una cadena invisible. Le temblaban las manos, le sudaban las sienes, y un nudo ardiente se le formaba en el estómago. Rebeca, regodeándose en su poder, presionó un poco más el cañón contra su piel húmeda de sudor. —Te quedarás aquí, olvídate de ese estúpido reality, de tu plan de escapar, de todo. —La voz de Rebeca le salía c

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