Se marchó con los ojos secos, el paso firme, y el corazón endurecido por tantas decepciones. “Quizá sufra más adelante, pero no hoy. Hoy empiezo a vivir distinta.” Había alquilado una habitación en un hotel cercano a los estudios del reality. Allí planeaba ensayar recetas, enfocarse en su talento, y no mirar atrás. Que Tomás leyera la carta cuando quisiera, que Andrea viera el correo en el momento menos esperado… ella ya no estaría para presenciar su vergüenza ni su desmoronamiento. Por primera vez en mucho tiempo, Linda se sentía poderosa. No por el daño que dejaba atrás, sino por la convicción de que esta vez avanzaba sin depender de nadie. Y así, sin saberlo, el destino comenzaba a hilar los caminos de dos almas rotas. Luciano y Linda, que habían decidido sanar a través del f

