Moviendo las piezas

1540 Words

La noche había caído sobre la mansión Altamirano como una manta pesada y húmeda. Rebeca, sentada en su sala con una copa de vino tinto, observaba el reflejo de sí misma en el ventanal. La cicatriz reciente en su mejilla le ardía con el leve roce del cristal, pero no era el dolor físico lo que más la inquietaba. Era la incertidumbre. El presentimiento de que algo se le escapaba entre los dedos. Con determinación, tomó su teléfono, buscó un número en la lista de contactos y marcó. El tono sonó varias veces antes de que una voz algo tensa respondiera. —¿Rebeca? —Tomás. ¿Cómo van las cosas? Hubo un suspiro al otro lado de la línea. Una pausa cargada de molestia. —Van mal, muy mal, de hecho. —¿Qué pasó ahora? —Linda —masculló él con los dientes apretados—. Me descubrió. Le envi

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