Luciano sopesó la idea, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo, como si intentara contener una verdad que amenazaba con desbordarse. —No sé cómo demonios hacerlo. ¿Dejaré una nota? ¿O me invento que me volví loco y me fui a meditar al páramo? —preguntó, con una risa tensa que no alcanzaba a borrar el miedo en sus ojos. Ricardo soltó una carcajada breve, como quien ya ha contemplado todos los escenarios. —Exacto, alguien dirá que te fuiste a reflexionar a la montaña, a reencontrarte contigo mismo. Rebeca maldecirá tu nombre, pero para cuando quiera buscarte, ya estarás en la capital, en plena competencia televisiva, con miles de cámaras que no podrá silenciar, no tendrá margen de maniobra para forzarte a regresar. El corazón de Luciano se aceleró como si un resorte interno se hub

