— ¿Se siente bien Sandoval? —pregunta Salazar.
—Sí, claro que sí, creo que es estrés —responde Jimena.
Quintero avisa por el intercomunicador, hay tres sujetos con fusiles de asalto que se dirigen a la cabaña, son los hombres que les toca hacer el cambio de guardia, Quintero los describe como delgados, de piel morena, se ven muy pocos activos, al parecer los muchachos y Jimena están en el lugar menos importante del campamento, por ende deben aprovechar las circunstancias para llevar a cabo la misión. Salazar Ordena a Quintero que se desplace hacia el otro extremo de la cabaña, para que los hombres malos no lo distingan como un enemigo, Quintero se arrastra hasta quedar fuera de la vista de los tres hombres, a unos pocos metros de la cabaña uno de ellos llama a su compañero que debería estar de guardia en el techo de la cabaña.
— ¡Gusano ya bájese! —Grita un guerrillero—. ¡Gusanito! ¡Gusano!.
El hombre refunfuña ya que no obtiene respuesta de su compañero, así que los tres hombres caminan hacia la cabaña, Salazar logra escuchar a uno de ellos que siempre es lo mismo, por eso el patrón no los cambia, y ni mucho menos le da una posición importante.
Al momento de entrar, los guerrilleros se encuentran de frente con Jimena, y dos más del equipo, Salazar y el resto los encañonan con sus armas, los obligan a entrar, los desarman y los hacen sentarse en el suelo, asustados, los hombres empiezan a balbucear cualquier cosa, Jimena los observa con odio, recuerda que casi pierde la vida junto con su hermano cuando los guerrilleros en el galpón de la parada los atacaron, a ella, su hermano y a Josué.
Salazar los interroga, pero no les saca nada importante, los dos sujetos le dicen lo que ya Salazar sabe, el corazón de Salazar empieza a inquietarse, sabe muy bien que no debe desperdiciar esta oportunidad, la misión debe cumplirse cueste lo que cueste, Jimena mira el rostro de hombre que está a cargo del equipo elite.
A continuación Salazar le hace a los dos guerrilleros lo que se conoce como el tiro de gracia, los coloca a ambos hombre bocabajo, y Salazar ordena a Chirinos efectuar los tiros de gracia, la muerte de los dos guerrilleros es instantánea, Quintero baja a reunirse con el resto.
El escuadrón suicida sale de aquella cabaña, todos armados, preparados para disparar, con los supresores en sus fusiles. El plan es simple, el campamento de los guerrilleros se divide en varia “alas”. Existe el ala 1, es donde se encuentran los generadores de energía, ubicado en la parte más lejana del resto de las demás alas, aunque Jimena piensa que sería mejor estar divididos en dos equipos, uno que se encargue del ala 1 y el resto espera el corte de electricidad para actuar, así el equipo que se encuentre en el ala 1 sirva de apoyo atacando de sorpresa, ya que este grupo criminal carecen de estrategia. El equipo avanza a través de las sombras, hasta detenerse en una garita de vigilancia desocupada, hay un terreno frente al grupo de soldados, que está totalmente iluminad, todos entran en la garita para cambiar el plan ya que esas luces antes no estaban prendidas.
— ¿Cómo carajos vienen a encender las luces a esta horas? —se pregunta Salazar.
—Señor, las luces estaban apagadas cuando le detallé el terreno —se excusa Quintero.
—Sí, lo sé, ahora todo se ha ido a la mismísima mierda, alguien tendrá que ir a la cabaña, cambiar su uniforme con uno de esos malditos guerrilleros de mierda, así podrá caminar por el terreno, sin que nadie sospeche ¡Maldita sea hace frío! —Salazar se frota las manos.
—Yo puedo ir —dice de pronto Jimena.
— ¿Qué? —pregunta Salazar mientras que el resto observan a Jimena.
—Señor, yo puedo ir a la cabaña, cambiarme para ir al ala 1, y se lo que eso significa —le responde Jimena a su superior.
—Dejar atrás tu equipo —responde desanimado Salazar.
Jimena vuelve tras sus pasos sin que nadie la vea, no hay tanta vigilancia como se puede pensar, pero un paso en falso y todo, realmente todo se puede ir a la mismísima mierda. Jimena no quiere esto; sin embargo, cuando su equipo se dé cuenta todo lo que ella puede hacer, surgirán preguntas, ya que un oficial de la rama policial que dijo Jimena pertenecer, no tiene tanto entrenamiento, como lo posee Jimena, la chica es una máquina de matar, este sería la oportunidad perfecta para huir, dejar su equipo, el campamento y los malditos guerrilleros, para aventurarse dentro del bosque, ya que sola actúa mejor, y sin decir que su propio equipo al cual se encuentra ésta noche, la buscan, agente de la C.I.A. responsable de estudiar los efectos de la toxina, después de cinco años del día D, Jimena y el resto de la humanidad sabe muy bien como actuó la toxina, saliéndose todo de control, una oportunidad que países europeos aprovecharon para invadir otras naciones, el caos fue tan grande que después de tres días de la invasión a la nación, y que se haya filtrado el arma química en las noticias de todo el mundo, Estados Unidos de Norteamérica no le quedó de otra que responderle a sus contrapartes con esas bombas que arrasan con todo, ¿Pero de qué sirve hacer justicia ahora? La humanidad se encuentra al borde de la extinción.
Jimena termina de cambiarse, su equipo táctico lo esconde detrás de unos árboles, dejando para ella, el cuchillo que siempre ha usado y el que le dio Salazar. Antes de regresar a la garita donde se encuentra el resto de su equipo, lleva su mirada hacia el oscuro cielo, abre sus brazos y cierra sus ojos, para suspirar en varias ocasiones, de pronto le nace una necesidad que nunca ha tenido, ni estando al lado del amor de su vida, Jimena se arrodilla, pensando que si la ve en este momento Britany, su querida amiga le reclamaría, porque se encuentra arrodillada para hablar con el creador, arrodillada ante un inexistente ente patriarcal ‹‹Britany, feminista de mierda, como te echo de menos›› se dice así misma Jimena, la chica hace una pequeña oración, muy torpe y tonta, pero ha terminado con un amen, se persigna y al levantarse se arrepiente, ya que el padre de su futuro bebé era protestante, un sádico, despiadado, asesino, un torturador desalmado, salvador y héroe. Jimena seca su lágrimas, ya lista sale de aquel lugar en dirección a su destino. Jimena pasa caminando frente a la garita, de reojo puede ver como sus nuevos compañeros la observan a través de la mira de sus armas.
— ¡Alto!
Jimena se detiene a mitad del aquel espacio alumbrado, una camioneta se acerca a la muchacha, Salazar y el resto del equipo se encuentran más que preparados.
— ¿Hacia dónde va soldado?
Son cuatros guerrilleros, que han salido del otro lado del terreno, como si viniesen del ala 1, están fuertemente armados, Jimena que con la boina bajada hasta sus cejas, los guerrilleros se dan cuenta que no es un soldado, es una soldado. Jimena opta por responderle en lenguaje de señas.
Los guerrilleros se detienen en seco, cargan sus armas, Jimena ni se inmuta, sabe que a unos cuantos metros detrás de ella, yace en una garita donde no llega la iluminación los tienen a todos en la mira, seguramente Quintero tiene en la mira con su Remington 700 la cabeza de aquel hombre que la detuvo, pero esta situación es para Jimena como oficio de todos los días. Aquel hombre de pronto suelta una carcajada, lo siguen sus compañeros, Jimena ríe también con ellos, sacando su navaja como respondiendo a la broma de mal gusto de aquellos hombres.
Aquel hombre que apodan el Naco se acerca a Jimena al igual que los tres hombres restantes, riéndose estúpidamente, pero no pasa mucho tiempo en el que el guerrillero se dé cuenta que no es la china, la única persona sorda que hay entre sus filas, para el Naco y el resto de los hombres ya es tarde, Jimena le abre la garganta como un cuchillo caliente derrite a la mantequilla, apoyándose sobre el Naco, Jimena gira avanzando hacia el otro hombre que se encuentra desprevenido encendiendo un cigarro, la chica incrusta aquel cuchillo debajo del mentón de aquel hombre, luego se lo incrusta en la sien, Jimena se dirige hacia su próxima víctima que impresionado sin poder reaccionar mira como la muerte hecha mujer avanza hacia él, Jimena apuñala reiteradas veces el cuerpo de aquel maldito gordo, para luego hundir su cuchillo en el cuello tres veces, casi decapitando al guerrillero, el ultimo que apenas se enteraba de lo que estaba sucediendo, con un fusil en mano, y más de cuatrocientas muertas cargando en sus hombros, ese hombre que llamaban el Triturador, afamado por torturar a sus víctimas, desmembrar sus cuerpos para luego hacer ritos satánicos, lo único que aquel hombre intenta hacer… es gritar, como todo un maldito cobarde, como todo un maldito guerrillero, pero al abrir su boca Jimena lleva su cuchillo dentro de esa boca inmunda atravesándolo, para luego abrir su maxilar inferior en dos, y arrancarle de su cara la mandíbula.
—Mierda —comenta el superior de Jimena, Salazar.