La situación carga contra nosotros, le tensión es tenue, el estrés ya empieza hacer de las suyas. Caminamos hacia una especie de cabaña, este lugar era visitado por mucho turistas, eso quiere decir que estos monstruos tienen donde poner sus asquerosos traseros. Visualizo a dos guerrilleros sentados en los escalones, se encuentran fumando, muy tranquilos. No puedo evitar pensar en el rostro de Josué y su expresión sádica de satisfacción al asesinar a estos tipos, fue lo que siempre me preocupo de él, desde aquel encuentro desafortunado en Machiques, el pueblo donde íbamos mi hermano y yo en ocasiones, aquellos hombres intentaron violarme, típicos carroñeros, fue donde supimos de las habilidades del muchacho, Amisaday y yo sabíamos que quizás sería un problema, y creo que así lo fue. Salazar me da luz verde para mandar a esos dos al más allá, sí, sin un juicio, sin abogados defensores, esto es lo que en la sociedad de antes llamaría crimen de guerra ¡Que hipócritas! La niebla se ha apoderado de todo el lugar, es una ventaja, me acerco con sigilo, puedo escucharlos latidos de mi corazón, hasta los latidos de mi hijo, uno de ellos le da una calada al cigarro y antes de que expulse todo el humo, le abro un agujero en la frente su acompañante se sorprende porque la ha caído sangre en el rostro y, antes de que empiece a gritar como la propia marica un agujero en su frente. Sé que no estoy en posición de sobre pensar, preguntar o cuestionar muchas cosas, pero habían pasado muchos años de la muerte de mis padres, y muchos años que no íbamos a la finca familiar, la casona, los viñedos, el campo de las mariposas, y funcionaban las malditas cámaras de seguridad, no era la gran cosa pero funcionaban, estos diablos ni pueden ver más allá de sus narices, esta situación seria muy de películas y novelas estúpidas como las que leía en w*****d, o quizás la gente era muy estúpida. Abro la puerta y como es natural no tenía seguro, al entrar me encuentro con dos sujetos jugando a las cartas en una pequeña mesa, Quintero se me adelanta y los asesina, de inmediato subo una pequeña escalera que lleva a las habitaciones de arriba, en la primera habitación no hay nadie, solo municiones y muchas armas, camino hacia la segunda y última habitación, de pronto algo me empuja contra la pared, alguien me toma por mi hombro y una pierna y me levanta como una hoja, lo vuelvo a decir y pido disculpas si es molesto, sé que no hay tiempo para sobre pensar pero si estáis leyendo esto quiero que sepáis que esas películas o series, donde una adolescente o una mujer masacra a golpes a un montón de hombres fuerte es pura mentira, mierda del entretenimiento, el sujeto me deja caer con mucha violencia, me desarma, golpea mi costilla ¡Coño de la madre! Esto me duele muchísimo ¡Mierda! Mi bebé, el hombre me lanza a unos metros, trato de levantarme pero no puedo, lo tengo que hacer por el bien de mi hijo, tirada en aquel suelo de madera vieja veo como el hombre que se encuentra totalmente desnudo camina hacia mí, es la misma situación que tuve en Machiques, pero esta vez no estoy fingiendo, en esta ocasión mis piernas no dan para levantarme, mis brazos trepidan ante la necesidad de querer sobrevivir, es tanto el estrés y dolor que mis manos no dan para desenfundar mi arma y dispararle, temo lo peor, solo puedo mirar cómo viene hacia mí sediento de sangre como una bestia, me toma de las piernas y como si nada me lleva contra las paredes, derecha e izquierda y así varis veces, afortunadamente las paredes están tan podridas que reboto como una pelota ¡Quiero Café¡ ¿Cómo no lo vi venir, este miserable me asesinará, nadie viene por mí para ayudarme supongo que están ocupados, por un momento me deja en el suelo para solo mirarme, veo que no tiene intenciones de violarme, su m*****o aún se encuentra flácido, pero es una bestialidad.
—Estoy… embarazada —Me logra escuchar.
Se queda pensativo ¡Mierda! ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Por qué no viene Salazar o Quintero?
— ¿Qué? —pregunta el sujeto.
—Estoy embarazada, rendite y te tomaremos como rehén —le respondo.
Desafortunadamente el hombre se empieza a excitar ¿Por qué carajos hay tantos de estos por ahí? ¿Acaso habrá un guerrillero que no sea violador? EL hombre camina hacia atrás alejándose unos siete metros, con su manos derecha agarra su m*****o y lo estimula, luego camina hacia mí, pero esta vez haciendo un baile improvisado, he de suponer que esto nos vuelve cada vez más locos, recuerdo ver a Josué lleno de sangre en aquel salón, corriendo en círculos y sonriendo, era otro eso lo creo, y aquellos contagiados detrás de él, lo vi pasar frente a mí con aquella sonrisa desquiciada, es la misma sonrisa que tiene este hombre en su maldito rostro ¿Qué pasará con mi bebé? ¿Aun sobrevivirá a estos golpes? No puedo moverme, y no es la primera vez, desde que dejé a Josué en la finca con aquellas C-4 a punto de estallar, cuando me caí en la cuesta y venían aquellos endemoniados contagiados por mí, creo que soy obsoleta.
Al encontrase a escasos metros de mí aquel hombre con furia se lanza hacia mi cuerpo, es cuando escucho un estallido suave y seco, reposo mi cabeza en el suelo y mira hacia atrás, es Salazar, devuelvo mi mirada hacia el hombre desquiciado, sus dos manos están llenándose de sangre tratando de detener la hemorragia, me doy cuento que Salazar le ha volado su m*****o, es increíble, aquel hombre eunuco por la fuerza, no grita de dolor, veo a Salazar de pie a mi lado, de uno de sus estuche saca algo, lo frota con sus dedos se inclina hacia mi rostro me limpia la nariz, y pasa sus dedos por mi nariz ¡Mierda! ¡Cocaína! Sin pensarlo dos veces, me levanto, siento una pequeña punzada a mi costado, sé que son mis costillas, saco mi navaja o como le gustaba decir Josué a su amada herramienta de desmembramientos, mi cuchillo de carnicero, Hola hombrecito, ya que te han volado las bolas, pasareis un infierno antes de irte al más allá.