—Dania, nena, ¿qué pasa?—seguía tocando la puerta, la pequeña Brooklyn lloraba —Déjame en paz Bill, lárgate—su voz sonaba ronca de tanto llorar —Dania, ¿me puedes decir que sucede?—el ojiverde insistía en que su esposa abriera la puerta —Eso ya debes saberlo, Bill no actúes como un idiota—eso fue sorpresa para el ojiverde, ella jamás le había hablado así —Bien, hasta que me digas que carajos tienes verás a tu hija, saldré—dijo en un tono serio y se escuchó el cerrar de la puerta Dania de inmediato salió del baño, efectivamente Bill ya no estaba en la habitación con su hija, busco algo rápido para ponerse y salir de la habitación, al estar en la planta baja no vio rastros de su esposo y Brooklyn. Tomó su teléfono y le marcó a Bill, dejó su teléfono en casa. Espero un rato más, tal vez

