En el instante en que Ofelia abandonó la habitación, Acaz se encontró a solas con su “urgencia física”, teniendo que atender su necesidad apremiante de masturbarse de inmediato. La soledad del momento contrastaba con la intensidad de las sensaciones que lo invadían. Era peculiar para él verse en esta situación, pues sus deseos carnales habían sido irónicamente escasos y distantes desque te tenía memoria. Su mente, siempre ocupada en asuntos de estado y responsabilidades del reino, relegaba cualquier impulso íntimo al último rincón de sus preocupaciones. Además, por si fuera poco, las experiencias carnales de su pasado se limitaban a unos breves encuentros durante las campañas militares, antes de su matrimonio. Sin embargo, estos momentos nunca alcanzaron verdadera satisfacción en él debid

