El reino de los Fae, como eran conocidas las hadas, se mostró ante sus ojos como si fuera otro mundo apenas descubierto. Torres majestuosas se elevaban hacia el cielo, creando un paisaje vertical que contrastaba con las estrechas calles terrestres. Estas vías, calculadas con precisión, apenas permitían el paso de una carroza o un caballo a la vez, creando un curioso embudo para el tráfico terrestre. Sin embargo, esto parecía importar poco a los habitantes locales, quienes preferían desplazarse por el aire. El espectáculo de los Fae volando no dejaba de sorprender a Acaz: algunos apenas rozaban el suelo como si una invisible corriente los sostuviera, mientras otros surcaban las alturas, entrando y saliendo de los edificios con la naturalidad de pájaros en su hábitat. Las callejuelas más an

