Ofelia no pudo contener una risa que cubrió con sus dos manos, con sus mejillas teñidas de un intenso rubor mientras intercambiaba una mirada cómplice con Acaz. Este se giró hacia Jim con una expresión divertida. —Cuando seas más grande, verás que succionar a tu compañera no es tan malo como parece —comentó el rey Acaz con un tono relajado, mientras atraía suavemente a Ofelia hacia él, acomodándola entre sus piernas. El la envolvió en un abrazo protector, y se podía ver como su cuerpo encajaba perfectamente entre los fuertes brazos de Acaz. Él hundió su nariz en el cuello de ella, inhalando su dulce aroma, antes de volver a lamerla con ternura. Ofelia se estremeció ante el contacto, con una mezcla de vergüenza y placer recorriendo su cuerpo. Se notaba que durante todo el viaje Acaz no la

