La inquietud se había apoderado de Endrian aquella noche. Cuando ya se había preparado para dormir daba vueltas en su cama, consciente de que necesitaba descansar para el día siguiente, pero su mente no dejaba de dar vueltas alrededor de una preocupación que le carcomía por dentro. Sabía que antes de poder conciliar el sueño, tenía que hacer una visita a la habitación del rey Acaz. No era solo una cuestión de protocolo; había dos razones que le impulsaban: primero, necesitaba confirmar la presencia del rey en sus aposentos, y segundo, existía un asunto pendiente que requería su atención inmediata. En su cabeza, Endrian descartaba por completo la posibilidad de que la princesa hubiera acudido por voluntad propia a la alejada habitación que prepararon para el rey lobo. Tal pensamiento era s

