El traqueteo de las ruedas sobre el camino marcaba el ritmo dentro de la caravana que se dirigía rumbo al reino de Wolfgard. En el interior, Endrian y Cael buscaron acomodo entre los treinta y cuatro integrantes de la peculiar manada de actores de Ralf. El espacio, aunque amplio, rebosaba de presencias masculinas, con solo un puñado de mujeres loba entre ellas. Entre estas últimas estaba Leila, quien se había sentado estratégicamente frente a los recién llegados Fae, estudiándolos con una intensidad que hacía el aire más pesado para el par de caballeros exiliados. Cael luchaba una batalla perdida contra sí mismo, intentando fijar su mirada en cualquier rincón de la caravana que no fuera ella, pero sus ojos grises, traicioneros, se iban a cada rato inevitablemente hacia la loba. —Y bien —l

