Danna.
Miraba mi cabello dónde descubrí que tenía una nueva cana, otro años más dónde el mejor regalo de cumpleaños era estar con los dos amores de mi vida. Escuchaba que ambos se venían acercando a mi habitación y me es inevitable no sonreír cuando veo como la puerta se abre, dejándome ver a mis dos hijos con una gran bandeja de desayuno.
Hunter y Lucia son lo mejor que tengo en mi vida, mi familia y por ellos daría la vida, no necesitamos la fortuna de los Koch o que mis hijos sean parte de ellos, con solo ver cómo criaron a Dieter, me hace afirmar que serán mucho mejores niños a mi lado, soy su mamá nadie nos iba a separar nunca.
— ¡Felíz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños querida mamá, feliz cumpleaños! — me encantan desincronizados.
— Gracias mis amores — digo enamorada de mis hijos.
Ellos se acercan a mi cama con una gran bandeja de desayuno que en verdad me sorprende porque esto sin dudas no lo hicieron ellos y puedo imaginar que Maddie haya estado detrás de esto, ayudando a mis hijos.
— ¿Te gusta, mamá? — consulta Lucía.
— La tía Maddie nos ayudó — agrega Hunter al sentarse en la cama.
— Es hermoso, me sorprendieron — digo dejando un beso en la mejilla de cada uno.
— ¡Siii, sabía que te gustaría! — exclama mi hija eufórica.
— Quiero eso mamá — acota mi hijo marcando un pequeño brownie.
— ¡Hunter, son para mamá! — exclama Lu mirando con desaprobación a su hermano.
— Pueden compartirlos, esto es mucho para mí y estoy seguro que la tía Maddie preparo esto para los tres — afirmo mientras veo como mis hijos chillan contentos.
No teníamos una mala vida, tampoco me podía dar el lujo con algunas cosas, pero a mis hijos no le faltaba nada, si tenía que trabajar el triple por ellos lo haría con todo gusto porque mi motor de vida son ellos dos.
Después de desayunar fue hora de llevarlos a sus clases correspondiente, como siempre llegamos tarde y me lleve una reprimienda por parte de la directora por nuestra impunidad así que me comprometí a tratar de modificar la horas de sueños de mis hijos.
— ¡Feliz cumpleaños! — grita Maddie al verme y me acerco a ella que está con sus dos gemelas a su lado.
— Gracias Mad — digo dejando que me estreche entre sus brazos.
— ¿Te gustó la sorpresa de tus hijos? — me pregunta volviendo a tomar la mano de sus niñas que se quejaban.
Mis ojos van a ellas, era una hermosas niñas tan parecidas a sus padres, las gemelas ya tenían un poco más de dos años y eran unas dulces niñas que solo causaba revuelo en la fundación cuando llegaban de visitas.
— Me encantó, gracias — respondo sonriendo.
— Cuando Lucia me lo contó, no pude negarme. Lo más lindo fue cuando ellos me dieron el dinero, no quería aceptarlos por eso te los doy a tí — comenta sacando de su cartera un pequeño sobre blanco.
— Son buenos niños — murmuro con una gran sonrisa y orgullosa de la crianza que les estaba dando.
— De eso no tengo dudas, no tuviste mejor decisión que alejarlos de la mierda de la familia que es su padre — acota suspirando.
Dieter Koch no solo me había jodido a mi la vida, sino que a Maddie también mucho tiempo antes que pueda conocerlo, ambas sabíamos lo que era estar con una persona como él y del daño que nos hizo. Ella tuvo la suerte de toparse con un hombre que le enseñó otra forma de amar y la cuida como si fuera de porcelana, es hermoso ver el amor que tanto Owen y como Maddie se profesan uno por el otro.
— Con respeto a la mierda de la familia Koch — hablo mordiendo mi labio inferior.
— ¿Qué con ellos? — consulta mi jefa frunciendo su ceño.
— Me quieren sacar a los niños, mandaron una carta documento que si no les entrego a mis hijos iremos a juicio — le cuento preocupada y a la vez avergonzada, no quería hacerla parte de mis problemas.
— Que malditos — masculla.
— Se que a Lucia no me la pueden sacar es mi hija, pero Hunter solo tengo su tutela porque Alana me lo firmó y cedió todos sus derechos a mí, pero si la convencen con dinero, ella no se. — siento un dolor en el pecho. — Se que estar en un hospital psiquiátrico ayuda, pero no quita que las influencias de la familia Koch arreglen todo para quitarme a mis hijos — agrego preocupada.
— Dime qué le diré a Owen que se ocupe — declara Maddie.
— No, no quiero molestar — murmuro.
— El bufete de la familia podrá ayudarte, mi suegro, tíos o los primos de mi esposo te ayudarán — niego mi cabeza.
— Deja que lo haga sola —
— Sola no podrás Danna, necesitas contactos en esto. Si no quieres que la familia de Owen se involucre bueno hablaré con mi primo Harry, él es abogado y podrá asesorarte — sentencia.
— Gracias Maddie — la abrazo y escucho como las niñas se ríen.
— Hola Gauss — saluda mi jefa al idiota ruso ególatra que era abrazado por las dos niñas.
— Maddie — solo se limita a saludarla a ella mientras a mi me ignora.
— No se si los presenté alguna vez — ella me sonríe. — Danna Poissón y Gauss Sokolov — nos presenta haciendo que el idiota me observé para tender su mano.
— Un gusto — contesto.
— Con el tema de Lucia hace unas semanas y todo lo que me tenía distraída por la fiesta benéfica, no los pude presentar como se debe — agrega la rubia.
— Un gusto, señorita Poissón — dice con indiferencia.
Me cae extremadamente mal este ruso.
— Mis niñas te aman — bromea Maddie al ver cómo las pequeñas estiran sus brazos para que él las cargue.
— Son tan bonitas — comenta al ponerla una en cada lado de sus brazos.
— Te quedarían bien gemelas — acota mi jefa divertida y entonces lo observo con atención.
Es jodidamente sexy, pero lo lindo se le va con lo sarcástico que es.
— Con Ignati ya tengo suficiente, no habrá más hijos de mi parte — le contesta haciendo que lo mire con atención.
Vaya, así que es padre.
— Me comentó Lena que viene unas semanas a Chicago — agrega.
El ruso suspira. — Viene o se escapaba, no nos dió mucha opción así que prefiero que se suba al jet familiar con sus guardaespaldas y lo traigan conmigo — le dice volviendo a suspirar.
— ¿Cuántos años tiene tu hijo? — esa pregunta sale de mi boca y me hace replantear todo al ver la mirada que me dedico.
— Doce años — responde con su quijada tensa.
¿Doce años?
¿Guardaespaldas?
¿Quién demonios son todos ellos?
— Será divertido para él, además no le hará nada mal pasar tiempo con niños de su edad — le aconseja la rubia con una gran sonrisa.
— ¿Está Adler? — pregunta cambiando de tema, como si no quisiera que nadie más sepa de su hijo.
Parecía como si lo ocultara.
Si es así con las personas no quiero imaginar cómo será como padre, pobre de ese niño porque de seguro tiene todo, pero le debe faltar el amor paternal.
— Si, me dijo que te esperaba en mi oficina — le responde Maddie.
Se despide de ella sin nisiquiera dedicarme una mirada, solo mi ignora, parece que marca la diferencia que él es un jodido millonario y yo una simple chica de clase media.
¡Arrogante!
De seguro la tiene chica, porque los hombres que son así solo esconden su problema de tamaño con el enorme ego que cargan.
— Idiota — musito cuando se aleja.
— ¿Qué dijiste, Danna? — me pregunta mi jefa.
— Que se me hace tarde para hablar con las nuevas chicas — miento.
— Ven que te acompaño, quiero conocerlas — agrega ella caminando a mi lado. — Gauss vino hablar con Adler porque las chicas que salvaron son rusas, creo que será de gran ayuda en este momento, sobre todo por el idioma — culmina.
— ¿A qué se dedica? — le pregunto mientras la ayudo a cargar una de las gemelas que se quejaba porque no quería caminar más.
— Tiene una empresa con su hermano, ambos hacen ayudas benéficas y brindan apoyo en todas las causas, sobre todo las de trata — me responde.
— Es decir así de arrogante y todo, tiene un corazón bondadoso — acoto sin poder creerlo.
— Si, las apariencias engañan — comenta cuando llegamos al gran salón.
Al ver la cantidad de chicas, la policía solo significaba que sería un día largo para todos en la fundación.
Nos llevó muchas horas entender a las chicas, el señor Sokolov y sus guardaespaldas hacían de traductores lo que me hacían mucho más fácil el trabajo de ponerles una identificación a cada un de esas chicas menores de edad. La mayoría era buscada por su familia, pero las demás no tenían dónde vivir y por eso las alojaban en la fundación Meitzner para que reciban todo el tratamiento necesario.
— Perdí mi oportunidad de seducir al señor Sokolov — escucho que me habla la otra asistente social que estaba trabajando conmigo.
— ¿Para qué quieres la atención de ese arrogante? — cuestiono frunciendo el ceño.
— Por los rumores de pasillo, quiero conocer ese gran atributo que esconde entre sus pantalones y ser parte de su infierno — me cuenta entusiasmada.
— ¿Infierno? —
— Si dicen que acostarse con él o tener la oportunidad de acompañarlo solo trae muchos orgasmos. Es muy bueno en la cama — agrega.
Hago cara de asco al escucharla, lo menos que quería saber de ese idiota era su forma de ser en la cama.
— Suerte con él y el infierno — digo tomando mis cosas para volver a casa con mis hijos.
La gente rica y sus fetiches.
¿Infierno?
Ya la vida es un infierno para que otro te lleve a uno, mejor me mantengo lejos de ese loco. No quiero ser parte de nada que conlleve estar cerca suyo.