Abre la puerta con mucho cuidado. Y ahí está Jennifer inconsciente y con un equipo de monitoreo, escuchando los latidos del corazón de la pequeña que se encuentra en su vientre. No puede evitar que de sus ojos azules broten lágrimas de dolor y de rabia. Se acerca poco a poco y toma sus manos entre las suyas, la llena de besos. Y le dice mirandole el rostro. —Gracias a Dios que te puso en mi camino y tienes que hacer todo lo posible por salvarte tú y nuestra pequeña hija. No sabes cuánto te amo. En ese momento se dispara una alarma. Y entra una enfermera. Y me dice. —Salga. Henry, en su confusión le apretaba más la mano a Jennifer y escuchaba que la enfermera decía. —Salga. Código Oro, código Oro. Entraron varias personas y obligaron a Henry a salir de la habitación. Henry se recos

