Theo se quejó cuando escuchó el molesto sonido del celular de su pareja interrumpir su sueño. Sin abrir sus ojos, rodó dentro del abrazo de su pareja e inclinó su cabeza contra el desnudo pecho de Hayes, restregándola. —Bebé, el teléfono —pronunció con voz somnolienta el pequeño hombrecito. —Uh... Déjalo sonar —respondió el alfa, apretando más su brazo alrededor del menudo cuerpo desnudo. Theo suspiró cuando el aparato finalmente dejó de sonar, pero cuando iba cayendo en el sueño nuevamente, el infernal celular volvió a al ataque. El alfa exhaló frustrado antes de soltar a su pareja y rodar hacia el lado contrario, alzando su mano la dejó caer contra la pequeña mesa de noche al lado de la cama y buscó a ciegas su teléfono hasta que lo encontró. Bostezando, abrió sus ojos y frunció el

