Enrique —Hola, cariño—. Ana me saludó en la puerta de su apartamento sin llevar apenas nada puesto. —No pensé que vendrías tan temprano. —Tenía que ocuparme de unas cosas en la oficina—, dije desdeñosamente, entregándole un ramo de flores. Lo recibió mi secretaria, no yo. No me gustan las flores. Además, mi mente aún estaba demasiado llena de Lisa. Su cremosidad. Su dulzura. La forma en que se entregaba a mí, una y otra vez. Porque no había sido mi intención, pero después de que se corriera con mis dedos metidos en ella, acabé pasando la noche en su cama, apretado junto a esa forma deliciosa. Sí, yo Enrique Humbser, Sr. Millonario. En una cama gemela. En un dormitorio. Durmiendo junto a la chica de mis sueños. Porque después de correrse, Lisa estaba muy cansada. Parecía más vulnerabl

