Lisa Dos años después... El armario de las escobas traqueteaba a nuestro alrededor con el constante golpeteo del grosor de Enrique en su interior. —Oh, Dios, así, eso es tan bueno—, vino mi gemido delirante. —Tan profundo. La v***a de Enrique golpeando mi punto G hizo que todo mi cuerpo se estremeciera, el coño chorreando húmedamente. Una tormenta de sensaciones recorrió mi cuerpo, el orgasmo estaba a punto de desbordarme. Y Enrique gruñó contra mi espalda, su enorme figura cubriendo la mía. —¿Estás lista, princesa? Oh Dios, no podía esperar. —¡Sí... sí... hazlo, ummmh! Mi magnífico prometido se dejó llevar entonces, derramándose caliente en mi coño. Chorro tras chorro azotaron mi lugar privado, calientes y viriles chorros de semen, haciéndome gritar. Pero nunca hay que subestimar

