Capítulo 5: Lo muerto no se cura

1803 Words
Esa fiesta no fue la primera última, solo fue la primera. Y por supuesto que Coraline se dio cuenta varias veces de las condiciones en las que llegaba su hijo. A pesar de estar castigado, Trevor se las ha ingeniado para escaparse e irse a las fiestas. En un par más se ha encontrado con Ariana, la que prefiere irse antes de verlo portarse como los demás chicos, desilusionada al ver que ha caído en el mismo juego de sus compañeros. O eso piensa ella. Es sábado por la mañana, hay un sol hermoso que ya está calentando el día y Trevor está desparramado en la cama. Coraline entra al cuarto, arruga la nariz y camina directo a las cortinas para abrirlas de par en par. Trevor se cubre el rostro con la almohada y grita molesto, casi con violencia. —¡DÉJAME EN PAZ DE UNA VEZ! —pero en cuanto siente el agua fría sobre su cuerpo, se sienta y abre los ojos—. Mamá, lo siento, no sabía que eras tú… —¿Y quién creíste que era? ¿Tu padre? —Trevor baja la mirada—. Ah, es cierto, ¡resulta que no es tu padre! ¡Levanta esa cara y dime a mí que no soy tu madre! —Mamá, no es así, yo… yo no quise decirle eso a papá… —Pero lo hiciste y, te lo advierto, Trevor. Es la primera y la última vez que le dices algo como eso, porque si vuelves a decirle a Samuel Deveraux-Lancaster que no es tu padre, te juro que desearás haber salido de sus huevos. —¡Mamá! —¡Cállate y escucha! Tu padre te adora y está sufriendo contigo todo lo que te está pasando. Si crees que es exageración, pues no lo es porque él sabe en carne propia lo que es perder a la mujer que amas. —No es… —intenta decirle, pero ella lo interrumpe. —Que tú no hables y nosotros no te digamos nada, no quiere decir que no lo sepamos. La única razón por la que un chico dulce y lindo como tú cambie, es porque le rompieron el corazón. Y si no quieres decirlo, ni admitirlo, pues bien, pero no creas que nos vamos a quedar de brazos cruzados y ver cómo te destruyes por una chica. Trevor vuelve a bajar la mirada, Coraline toma la ropa apestosa a alcohol y vómito, se la tira encima y le dice con las lágrimas a punto de salir. —Báñate, vístete y baja a lavar o tirar esa ropa. Espero que sea la última vez que te vea así. Y más te vale que le pidas perdón a tu padre, porque te juro, Trevor Deveraux-Lancaster —dice haciendo énfasis en su apellido—, que, si no lo haces, te mandaré a vivir con las vacas en algún lugar remoto de Inglaterra. Coraline sale del cuarto, cierra la puerta y deja que las lágrimas caigan por su rostro. Samuel está parado en el umbral de su cuarto y ella camina hacia él, quien la recibe con sus brazos abiertos, se meten dentro y lloran juntos. —Te juro que, de haber sabido lo que pasaría, le habría dejado hacer la famosa fiesta aquí. —Nerdito, no se trata de ceder para tenerlo contento, sino de apretarlo un poco para que hable. Si no se saca eso que tiene en el corazón, será un hombre frío, de esos que no se toman en serio ninguna relación y yo no quiero un hijo idiota. —Ya no sé qué hacer… siento que el no haber estado con él desde que nació, ahora me está jugando en contra. —No te creas eso… yo he estado con él toda la vida y tampoco sé qué hacer, por eso tengo tanto miedo de perderlo. Los dos se quedan abrazados, pensando qué hacer para ayudar a su hijo. Mientras que Trevor solo repasa la conversación de hacía unos días con Ariana en el parque, en donde le dijo que estaba enamorada de Sandor entre lágrimas y luego el idiota llegó para besarla. Por eso no le molesta ya tener atención de otras chicas. El problema es que está buscando la atención equivocada de las chicas equivocadas, solo porque la correcta no supo valorarlo. Desayuna en silencio, con Coraline aclarándose la garganta a cada momento. Cuando terminan, todos se ponen de pie, pero antes de que Samuel se vaya al jardín a hacer una llamada, le habla. —Eh… papá, ¿podemos hablar? —Por supuesto, hijo, sabes que todo puede esperar si me necesitas para algo —a pesar de la sonrisa de Samuel, Trevor nota la tristeza en sus ojos y Coraline saca a Sabrina del comedor, porque es la más chismosa de todos. Trevor camina con su padre al salón, jugando con la cadena que su padre le regaló el mismo día que nació su primera hermana, con aquellas iniciales que no solo lo reconocen como su hijo, sino que lo marca como el primogénito de un hombre con el corazón más grande que jamás conocerá. Porque, amar a tus propios hijos es normal, pero amar a los que no son tuyos es de otro nivel. —Dime, te escucho, hijo. —Lo siento… —respira hondo y niega—. No… perdóname, papá. Lo que te dije y mi comportamiento no fueron correctos. No es lo que siento, porque tú eres mi padre. —Claro, llevas mi apellido —bromea Samuel —No basta llevar el apellido de alguien para que sea tu padre, eso me enseñaste tú con el tuyo. Desde que te conocí me has dado amor, protección, me has escuchado y… eso. —Y así será siempre —Samuel aprovecha el momento para intentar hacer que su hijo hable—. ¿Por qué no me dices lo que en verdad te pasa, lo que sientes, para ayudarte? —Porque no importa lo que te diga, nada cambiará. Ya nadie me puede ayudar, papá… nadie. Samuel solo tira de él, lo abraza y Trevor se aguanta el sacar todo lo que tiene dentro. Al separarse Samuel le sonríe y su hijo se va a su cuarto en silencio, de donde no sale hasta el almuerzo y luego se vuelve a encerrar. Y es justo ahí en donde se desata todo. Un compañero del equipo de lucha le envía un video, es de una fiesta y graban cómo Sandor se mete a un cuarto junto con Ariana. Es obvio lo que ahí va a pasar y la odia. Odia a Ariana. Odia a Sandor. Se odia a sí mismo, porque él debió ser su primera vez en todo. No solo su primer amigo, sino que todo. Las lágrimas le corren sin control, hasta que lanza el teléfono lejos de él y se pone de pie. Se lava el rostro, se mira al espejo y se dice que eso es lo último que necesita para irse de ahí. —Y lo mejor es irme de la peor manera, para que me extrañen poco. Baja con la intención de salir, pero Coraline se pone en medio de su camino y le dice con seriedad. —Si crees que vas a salir, estás equivocado. —Me invitaron una malteada… —Y pudieron invitarte al museo, pero no tienes permiso de salir, ¿te olvidas que estás castigado por lo de anoche y por lo que le dijiste a tu padre? —¡No puedes impedirme que salga! —alertado por los gritos, Samuel se asoma y pregunta algo preocupado. —¿Qué pasa? —¡No te metas! ¡Nadie puede prohibirme que salga! —¡Pues te aguantas, porque eres nuestro hijo y dependes de nosotros para todo! —le grita Coraline y Samuel intenta detenerla, porque no quiere que le diga nada que lo pueda herir. Pero en realidad no hace falta, porque Trevor está decidido a buscar irse lejos. Y les dice lo que cree que es mejor. —¡No quiero seguir dependiendo de ustedes! ¡Tengo que hacer mi vida! —grita Trevor ya desde el pasillo, sube las escaleras y se encierra. Mientras tanto, Samuel está sentado a la mesa de la cocina y deja caer la cabeza en sus manos, preguntándole a sus amigos Erick y Katherine, los padres de Ariana, si eso es normal. Un rato después, Katherine se ofrece para hablar con él, porque de cierta manera lo entiende. Y porque sabe que todo eso puede deberse al noviazgo de su hija, el mismo que trae a Erick con un ojo saltando todo el día. Llama a su puerta, Trevor la abre y se sorprende cuando la ve ahí. —¿Podemos hablar? —el chico asiente y la deja entrar. Nota la laptop en donde Trevor está viendo una escuela militar—. ¿En serio? Trevor baja la pantalla con lentitud y asiente. Katherine se sienta en la cama y lo invita a que haga lo mismo. —Hijo… no sé qué demonio se te metió, pero te puedo asegurar que lo mejor para sanar es con tu familia. No te vayas por ella —Trevor abre los ojos y Katherine sonríe—. No lo hagas. —Tengo que hacerlo, tía. Si no me voy… me convertiré en alguien que no quiero. Si me alejo, si hago algo como esto, podré retomar el camino que quería para mí antes de… de todo esto. —Trevor… —Y es tarde para sanar… porque no se puede curar lo que ya se murió —la ve a los ojos y Katherine tira de él para abrazarlo. Aunque es más pequeña que él, la verdad es que ese niño necesita que lo abracen y le digan que todo estará bien. Trevor se deja querer, porque su tía Katherine siempre fue algo así como su cómplice, la persona que más confió en él desde que lo conoció. Y no es que sus padres no lo hicieran, pero ella le dio el permiso de acercarse a su niña rota y temerosa. Y, ya que le devolvió una chica segura de sí misma, capaz de tener una relación normal con otro… lo mínimo que puede hacer es darle apoyo en ese momento. Sin presiones ni juicios. Solo apoyo y ya. Pero el momento se pasa y ella comienza a regañarlo con un cariño que a Trevor solo le sacan una sonrisa. Cuando terminan de hablar, Trevor se dice que no puede esperar más, por lo que baja y se planta frente a sus padres. —Mamá, papá, tengo que hablar con ustedes… Y ninguno sabe lo que aquello va a desatar en un par de meses cuando se vaya… ni en unos cuantos años más.
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