Sintiéndose molesto ante el insistente sonido de su teléfono, el cual no dejaba de emitir una melodía una y otra vez al no responder la llamada, Ezekiel gruñó y finalmente despegó su cabeza de uno de los cojines. Con sus ojos entrecerrados, luchando por mantenerlos abiertos y no sufrir por ese horrible dolor de cabeza, el falso humano observó a su alrededor, buscando el aparato que causaba tanta molestia. Contemplando el teléfono descansar en el suelo, junto a unas cuantas botellas vacías de diferentes marcas de alcohol, dejó caer su brazo por el borde, pero tan pronto como la pantalla se apagó, Ezekiel cerró sus ojos sin siquiera hacer el intento de revisar quién lo estuvo llamando, y prosiguió a seguir durmiendo. Solo que el aparato se volvió a encender, anunciando otra llamada. Con un

