Cada hora de vuelo valió la pena porque ambos se la pasaron acurrucaditos dándose mimitos y descansando, pero también hicieron su par de travesuras, tener un avión privado tenía muchas ventajas pues pudieron hacer lo que quisieron a pesar de que los acompañaba una azafata. La llegada al aeropuerto en Paris fue a la madrugada según el horario de la ciudad, Victoria no contaba con que habría nueve horas de diferencia entre Seattle y Paris, cuando llegaron ella quería cenar mientras que todos los habitantes ya estaban por su séptimo sueño y lo bueno fue que el hotel tenía un restaurante abierto las veinticuatro horas. – Es extraño estar cenando en medio de la madrugada. – comento mientras esperaban la comida. – Lo que yo quiero saber es como vamos a hacer cuando nos de sueño y todos estén d

