ACTO II CUANDO LA HUMILLACIÓN ENTRA POR LA PUERTA La amante viene a casa Hay límites invisibles que toda persona, por más rota o desesperada que se encuentre, asume que jamás serán traspasados. Fronteras emocionales y territoriales que la propia condición humana debería proteger por simple pudor. Mi hogar era modesto en comparación con las mansiones de los altos ejecutivos del distrito financiero, pero era el espacio que yo había construido pulgada a pulgada. Cada cortina la había cosido yo; cada pared la había pintado en los fines de semana de mi primer embarazo; cada rincón olía a la infancia de Sophie y de Noah, al desinfectante suave que usaba por las mañanas y al vapor de la sopa de verduras cuando el invierno de Massachusetts apretaba tras los cristales. Aquel viernes por la

