Leonardo ladeó su cabeza con cuidado, fijando su mirada en un punto indeterminado. —De ser una más, no la hubiese traído a este lugar, papá —fue lo único que respondió, sin mirar a su padre; un hombre bastante fornido a pesar de su edad—. ¿No lo crees? —Tiene sentido —admitió el hombre—. Pero no sé que tácticas estás empezando a usar ahora, Leonardo. El rubio le dedicó una mirada fulminante a su padre. —¿A qué te refieres con “tácticas”? ¿Tú también crees todos esos rumores de mí? Porque es lo único que me falta, primero Emma creyendo esos rumores, las estúpidas secretarias de tu empresa dispersándolo, ¿y ahora tú, mi padre, creyéndolos? —Leonardo, ambos sabemos que no son simples rumores. —Son cosas que sucedieron hace años, papá, y sabes que es así, ¿por qué es tan difícil creer qu

