—No puedes ir con ella sin un plan —dijo Kellan cuando Akron enloqueció con el mensaje y la llamada—. ¡No conoces sus malditos puntos débiles! Ni siquiera sabes si tiene uno. ¡No puedes ir solo! Tienes que tener algo con lo que negociar. Akron sacó el arma de su cintura y la recargó. —No voy a negociar —corrigió Akron—. Voy a matarla. Akron dio enormes zancadas a la puerta, pero Kellan, siendo el racional en ese momento, lo sujetó por el codo y lo detuvo. —Akron, espera, piensa con la cabeza fría. —¡No puedo pensar cuando la tienen a ella! ¡Tiene a Violet, Kellan! —gritó Akron al empujarlo contra la pared y sujetarlo del cuello de la chaqueta—. La tiene a nueve mil putos kilómetros de mí. ¡No me pidas que piense, cuando lo único que alejé de mí, me lo quitan! ¿Qué harías tu si fues

