Justin no se sentía a gusto entre desconocidos y casi el cien porciento eran asesinos. Las mujeres que estaban en el lugar, eran propiedad de esos hombres, y los que conocía estaban ocupados con su vida. Justin era el único que se sentía cómodo, y aunque Akron y Violet intentaron hacerlo parte, terminó acercándose a la barra donde la mujer de cabello rubio que lo había arrojado por las escaleras, estaba sirviendo tragos. Ellos no se llevaban bien. Tuvieron un pésimo comienzo, y sería un aun más terrible final. —Dame un whisky seco —ordenó Justin al golpear la barra. Candy lo miró de arriba a abajo. El hombre era apuesto, provocativo e incluso atractivo, pero como en la edad antigua, ella llevaba un cinturón de castidad que en lugar de inclinarla a buscar hombres para que la soltaran, p

