Decir que les dolía el trasero por estar tantas horas en carretera, era poco para lo que ambos sentían cuando Akron hizo la tercera parada a la orilla del mar. En la costa, el calor era abrasador aun en esa época del año, y debido a que en Dallas casi nunca nevaba en navidad, solo se sentía el cambio de clima y el aroma a galletas de jengibre en la calle. Dallas era un lugar hermoso, y que no nevara, era el ejemplo de que ninguna parte era totalmente perfecta, y lo positivo de que en diciembre no estuviese nevando, era que el agua de las playas estaba levemente cálida cuando Akron aparcó, y aprovechando que había anochecido para cuando llegaron a sus tierras, la playa estaba desolada y silenciosa. —¿No te da miedo el agua en la noche? —preguntó ella. Akron se quitó las botas, la chaqueta

