La oscura realidad de Candy era cruel. Lo que le deparaba por mano de Akron y de Justin, era peor que el castigo que le esperaba en el infierno. En medio de su locura, sabía que las puñaladas no serían perdonadas, y menos a Violet. Violet era la joya más preciada de Akron, y primero le quitaban la vida al Anticristo, antes de tocar a su pequeña, y para Justin era la niña de sus ojos. El castigo que le deparaba era cruel, y algo que ella sabía que merecía. Candy huyó; huyó como las ratas cuando se hunde el barco, y en medio de su descontrol, solo corrió y se escondió. Fueron las peores horas de su vida, porque cuando llegó a una vieja bodega a pocos metros de las vías del tren de Dallas, los demonios que ella misma dejó que entraran en su vida, se apoderaron de ella. Ya no solo era Carter

