Violet le estaba abriendo los ojos a Akron a una nueva parte de su vida, de su pequeño universo, y también de la felicidad que embargó a Violet y a Martha cuando los vieron cruzar el umbral. —¡Gracias a Dios que están bien! —chilló Martha cuando se arrojó a los brazos de su amado esposo—. Me preocupé mucho. Andrew le sonrió y ella le dio un beso recatado en los labios. Violet también se había levantado del sofá y miró a Akron. No necesitó tocarlo, ni decirle nada, para que se sintiera esa conexión que los ataba de los meñiques por ese fino hilo del destino. —¿Cómo están? —preguntó Andrew. —Angustiadas —respondió Martha. Él le besó la frente a Martha y le sonrió a Violet. —Que mal, porque muero de hambre —dijo sonriendo. Andrew soltó la escopeta sobre el enorme sofá donde ellas est

