Dilay Sentirme afortunada en los brazos de Adil era la mejor manera de sentirme querida, sus dedos dejan una ruta que solo él puede recorrer sin saltarse ninguna señal y puedo decir que por mí se puede saltar él ceda paso y cualquier otra señal de prohibición. Estaba claro que desde que acepté jugar a quemarme aún ardo entre las llamas sin sentir el dolor que estas pueden llegar a causar, solo el calor inunda nuestra piel y el placer de vivir a su lado es suficiente para seguir ardiendo. —Despierta, mi amor— su voz suena cerca de mi oído mientras el sol se filtraba por la ventana, un nuevo día había comenzado y estas últimas semanas de casada han sido una locura. —Un poco más, anda...— contesté adormecida. —Dos minutos, Dilay. Advierte y siento como se aleja de la cama. Los días f

