Adil Ir en contra de lo que me había jurado a mí mismo es como romper barreras que me impuse en su momento, pero al saber el motivo de todas sus lágrimas, de sus gritos en silencio me di cuenta de que ese corazón roto era igual que el mío, que nos necesitamos de alguna manera u otra. Que estábamos predestinados a conocernos y que así sucedió. Sin rodeos, pero lleno de dudas quise romper un juego absurdo que no nos iba a llevar a nada bueno, y ahora los roles han cambiado. —Buenos días, hermano— Mariem me saluda. —Buenos días— le doy un beso en la frente. —¿Todo bien? —Mejor que nunca— curvo los labios. —Me di cuenta de que ayer saliste en la noche, supuse que fuiste a buscar a Dilay. Asentí. —¿Y? — pregunta intrigada. —Ella no se fue por lo que le habías dicho, Mariem. De hecho

