Sentía que estaba viviendo una especie de repetición, jamás se imaginó a sí mismo acudiendo a un hospital dos veces en un mes, mucho menos se imaginó que lo haría por alguien más, pues siempre se había visualizado solo, y lo estaba, la voz de su cabeza le decía que seguía estándolo, que haberle salvado la vida a aquella muchacha dos veces, no significaba demasiado. Se encontraba junto a Rafael, sentados en la sala de espera, había tenido que ver como su amigo la cargaba entre sus brazos sin demasiado ánimo, como si no le importara si ella moría o no lo hacía, tal vez así era. Sabía que Rafael era una buena persona —o al menos, no era malo—, pero cuando se creaba un prejuicio sobre algo, habían pocas fuerzas en el mundo, capaces de extraerle aquello de la cabeza. Tenía el prejuicio de que

