Zurek cabalgaba camino a donde estaban sus guerreros. Sus hombres estaban protegidos y muy bien armados. Se sentía seguro pues había dejado el castillo protegido con sus mejores hombres. No podía haber fallas, él necesitaba saber que su mujer estaba bien para poder seguir con ese absurdo de guerra. —Señor, nos informaron que el campamento del rey Frédéric se ha movido al área más montañosa. —alerta Gregory, el segundo al mando. —Tranquilo, mi fiel amigo, ni Frédéric, ni ninguno de sus aliados podrán con nuestro ejército.—El hombre asintió sabiendo que la cantidad de su ejército era la suficiente para vencer el ejército del rey de Herminio. Este rey podía ser muy rico, pero no tenía muchos guerreros. Cuando Zurek llegó a su campamento era ya pasada la madrugada. Algunos hombres descans

