—Para donde va mi hermosa esclava de mis peores deseos. —susurra meloso. — ¡Oh, ya no soy la zorra! —exclama Aquilegia y este blanquea sus ojos. —Eres mi zorra, mi reina, mi perra, mi esclava, mi sumisa, todo lo que yo quería que seas, ahora quiero que seas la esclava de mis deseos y te dediques a darme placer. Aún nos faltan algunos días y mis bolas colapsan si no te poseo pronto. —explica el rey apretándola a él para que sienta cómo su m*****o late en su espalda. —Nunca seré tuya. —escupe Aquilegia forcejeando para que la suelte. —Nunca digas nunca, zorrita. Si no recuerdas ya te probé, tus pliegues probaron mi boca, mi lengua te saboreo completa y hasta te di un rico orgasmo. Así que me debes uno. Me debes chuparlo rico hasta qué me corra o mejor aún, ¿Por qué no me das ese culito r

