Tatiana y Arturo me convencieron de quedarme hasta que Evan despierte, para evitar sedarlo nuevamente ya que los doctores necesitaban evaluar su estado físico. Para empezar su rehabilitación. - Buenos días, soy el Dr. Cevallos - saludaba el doctor al entrar junto a una enfermera - Vamos a despertar a Evan, esperemos que esta vez se tranquilice. - esbozaba una sonrisa burlona. - Sí, doctor. No se preocupe. La causa de su desesperación ya se encuentra con nosotros - contestó Arturo sarcásticamente. - ¡Oh! Ya veo. Por lo visto, la bella señorita aquí presente, es la causante de todo este alboroto - hizo una sonrisa de lado, sin apartar la mirada de la enfermera que manipulaba la intravenosa del brazo de Evan. Esos comentarios me hicieron sonrojar de inmediato. A pesar

