Macey sonrió ante la escena que tenía delante ahora. Qué diferente era de cuando tenía a los gemelos. Malabarismos con niños pequeños además de un bebé ciertamente no era fácil, pero tampoco estaba sola. Julius estaba decidido a hacer su parte, aunque no sin dificultades. Verlo cambiar un pañal sucio por primera vez merecía ser grabado en video, y Victoria lamentaba haberse perdido la oportunidad. Un solo olor del pañal hizo que el pobre hombre se atragantara hasta el punto de doblarse de risa, para deleite de los gemelos. Macey apenas podía contener la risa al ver cómo intentaba cambiar el pañal usando pinzas y con la nariz tapada con algodón. Incluso ahora podía recordar sus protestas. ―¡Dios mío, Macey! ¡Puedo saborearlo! ¿Por qué puedo saborearlo? ¿Dejarás de reírte? No tiene gracia.

