—¿¡Cuánto tiempo!? —exigió Julius al abrir de golpe la puerta del despacho de su padre—. ¿Cuánto tiempo has sabido? March lo siguió de cerca cerrando la puerta. Augustus levantó la vista de los documentos que estaba a punto de firmar. Sus ojos grises estaban tranquilos y evaluadores. Sin decir una palabra, volvió a los documentos frente a él, los firmó y se los devolvió a Stephen. Con un gesto, despidió a su leal asistente antes de volver su atención a sus hijos. —Papá —instó March cuando aún no hablaba—. ¿Cuánto tiempo has sabido sobre Macey... y los gemelos? Sin decir una palabra, Augustus metió la mano en el cajón inferior de su escritorio y sacó un pequeño álbum de fotos que les lanzó. Julius permaneció clavado donde estaba, con los puños apretados como si luchara contra las ganas

