—¡Ahí están, mis traviesos! —los saludó Augustus. —Mira, abuelo, hicimos un nuevo amigo —presentó Aria—. Herr Leon. Este es mi abuelo Gus. —Así lo deduje, Prinzessin. —Leon rio con un fuerte acento en inglés—. Hallo Herr DaLair. —Hola. —Augustus estrechó su mano con cierta confusión sobre cómo sus nietos conocieron al hombre que debería haber estado instalado y discutiendo con sus hijos. —Sí... parece que hubo una confusión con mi cita. —Leon aclaró su garganta sin querer describir la horrible conversación que tuvo con la mujer insoportable de arriba—. No pude asistir a la reunión, pero tus nietos han sido compañía encantadora. —Qué lástima, pero si tienes tiempo ahora... —Me temo que no, sin embargo, no regresaré a casa hasta el viernes. Tal vez podamos encontrarnos más tarde. —Sí,

