Me despertó el sonido insistente de la alarma de mi celular. Al abrir los ojos, vi a John a mi lado. Besé sus labios suavemente, y él correspondió el beso, aún medio dormido. —Ordenaré que te traigan mi desayuno —le dije mientras acariciaba su cabello. —Pero si ya estoy viendo mi desayuno —rió con picardía. —Tengo que irme, le diré a Eliana que esté al pendiente de ti. Por favor, haz caso —le dejé una pequeña campanilla en la mesa—. Hoy mismo vendrá la enfermera, bebé. —¿Crees que soy un niño pequeño? —parecía ofendido, frunciendo el ceño. —Sí —respondí, divertida. —Mejor me tomo el día —bostecé, estirándome. —No es necesario, ve a trabajar o serás una gran tentación —lo miré con una sonrisa juguetona. —Pero primero debo ducharme —dije, quitándome el pijama de la parte superior, qu

