Cuando el auto ingresara a una enorme casa en forma de un castillo, los ojos de Estrella se volvieron brillantes. Siempre fue una joven simple, su rutina era ir a la universidad y volver a casa.
De cierto modo, no todos conocían su identidad como hija de los Clevens, Estrella era como una mujer sin rostro para el círculo social en la que se movía la gente con clase.
A ella no le importaba estar en las sombras, su mayor fortuna era ser la hija de su padre y ser buena hija.
No era así su hermana Narcisa, ella era extravagante, bella, siempre vestida con el último grito de la moda.
Al llegar, en la entrada los recibió una mujer de unos aproximados 40 años, ella tenía un rostro amable y serio, recibió al señor Hanes Johnson con una reverencia.
Señor Hanes, bienvenido a casa, dijo de manera atenta y sus ojos rodaron a la humanidad de Estrella, quien también la miraba con ojos de escrutinio.
"Señora Mika, lleva a la señorita a la habitación de los invitados, arregla una habitación para ella sola"
¡Si señor! dijo la mujer haciendo un gesto con la mirada para que Estrella la siguiera.
Por su parte Estrella se dió cuenta que su matrimonio con este hombre no sería nada fácil de llevar, sin embargo le bastaba saber que su padre estaría bien, esa misma conformidad de que a su padre lo ayudaría a estar sin estrés, el saber que ya no tendría problemas con sus negocios, la hacía sentir feliz, de tan solo saber que todo estaría bien.
Al llegar a la habitación, Estrella preguntó a la empleada si cuál era la habitación principal del señor Johnson.
La empleada considerando a Estrella una cazafortunas, Chasqueó la lengua y respondió, "no es de tu incumbencia" la miró con desprecio y dió la vuelta para irse.
Estrella tomó de la mano a Mika y le dijo: "¿eres así de maleducada? Creo que te hice una pregunta el cual no me has respondido.
"¡Suéltame, no le responderé!" dijo ésto y se sacudió yéndose afuera de la habitación, quedó balbuceando contra la joven Estrella, cuando vió venir al señor Hanes, ella gimió quejándose de la joven invitada.
"Señora Mika, ¿que pasa? ¿Está usted bien?" lo que fuera aprovechado por la empleada para quejarse de la invitada.
"Señor, la señorita, este... ella fue grosera conmigo" dijo con cara de agravio.
"¿Y que pasó?" preguntó Hanes.
"¡Ella quería saber cuál era la habitación principal y pues como no le dije, se enfadó conmigo y tiró fuerte de mí brazo!"
Justo terminó de contar Mika, Estrella salió de su habitación delante de los dos, Hanes la miró con disgusto, mientras que Mika la empleada mantenía su cara de niña ofendida.
"¡Tú, no acabas ni de desempacar y ya estás haciendo lío con mis subordinados!"
"¿Es esta una pregunta o estás haciendo una afirmación?" cuestionó Estrella quien de por sí ya estaba muy enojada.
Mika no sabía sobre el roce de su jefe fuera de la mansión, pero si algo sabía era que nadie le hablaba así a él.
Ella miró a su Jefe para ver cuál iba a ser su siguiente reacción.
"Estrella Clevens, ya te dije antes de venir para acá, que no quería que me causaras problemas, solo quiero paz"
La chica se acercó al hombre y se le arrimó lo suficiente para decírselo en su cara sin miedo a represalias.
"¡Pues no debiste casarte conmigo y aún puedes anular esta estúpida boda, un matrimonio de mierda e irte a esconderte en tu soledad fingida" Después que dijera eso Estrella bajó las escaleras y desapareció de la vista.
Hanes estaba anonadado de la acción de su señora, si, asi era, era su señora esposa con la que se había casado, pero ella no se sentía como una esposa, la empleada volvió para mirar a su Jefe, este le dijo:
Aunque ella solo vió una sonrisa sutil en el rostro de su amo. Algo diferente a su actitud usual.
"¡Mika la atenderás a ella en lo que desee estarás a su disposición día y noche!" dijo Hanes, lo que observó Mika era que Hanes se notara feliz.
"Ah por cierto, ella es mi esposa, trátala como si ella fuera yo" dicho eso el señor Hanes se dirigió a su despacho, este quedaba en el segundo piso, desde ahí el tenía una excelente vista hacía afuera.
Mika respiró profundamente, se preguntaba cómo es que su Jefe había cambiado de prometida, recordaba todavía que la última vez, hace dos semanas estuvo por aquí la señorita Sullivan.
Para colmo, ella le había faltado el respeto a la esposa del Jefe, enseguida se preguntaba si por que no la instaló a su habitación principal.
Estrella había bajado a la cocina, se había preparado un emparedado, tomó una botella de agua del refrigerador y se había salido al lado de la piscina.
Después que terminara de comer, se metió a la piscina a nadar. Era experta en natación, se pasó horas nadando, lo que la joven señorita no sabía era que la vista del ventanal daba directo al área de piscina, por lo tanto, al ponerse de pies de su silla, Hanes la miró nadando.
Su mente voló a horas más temprano cuando ella había salido corriendo de la boda, al salir a buscarla, se había olvidado incluso de su estafa en silla de ruedas, se había levantado e ido detrás de ella ante la mirada de casi la mayoría de invitados.
Se había sentido muy mal al verla irse, culpaba a su ex novia acerca de este sentimiento de apego o miedo a que lo dejaran. Así que sin pensar dos veces se había levantado de esa silla de ruedas dejando claro que estaba usándolo solo por quién sabe que.
También estaba recordando algo mas, al verla en brazos de Huno, sintió harta sensación de rabia, de querer quitarla del brazo de ese otro; recuerda que¿no era tan celoso, ni tan pegajoso, ni tan endiablado cuando tenía la relación de dos años con Lilian?
Entonces, ¿que estaba pasando ahora, tomando en cuenta que esta mujer era una total desconocida para él? ¿no?
Lo cierto era que su mirada se entretuvo de ver a la sirena dentro del agua, parecía a un pez marino que revoloteaba y se sambuía dentro del agua.
Finalmente unas horas después, la joven se salió del agua, estaba toda empapada, pero traía una piel tersa, suave y llena de colágeno, su piel irradiaba juventud, esa mirada perdida se veía algo enrojecida, su boca parecía hecha de fresa roja carmesí, daba el aspecto y tono de llamar a su total atención, quería salir e ir hasta donde ella y besarla.
Pero recordó la petición de la chica, nada de besos, nada de intimar. Se dijo; ¿por qué diablos aceptó esa cláusula y se rió de sus pensamientos que a él le parecía sucio.
Salió de su despacho y llamó a Mika, esta llegó rápido ante él, Hanes le pidió llevar a la joven una bata limpia y toallas en la alberca.
Mika se preguntaba que cómo se dió cuenta si estaba en el despacho encerrado, como supo de dónde estaba su esposa. Salió enseguida y fue con la bata y las toallas en la mano.
"¡Señora aquí está lo que necesita para secarse!" dijo sin mirarla en la cara.
Ella tomó primeramente la toalla y se secó, después tomó la bata y sin mediar palabras se fue de ahí.
Al menos, pensó Mika, no es tan prepotente y altanera como la señorita Lilian Sullivan, al menos se ve algo odiosa, pero tranquila.
Cuando Estrella llegó a su habitación, pasó directo al baño, ella se bañó y salió de ahí, secándose el cabello, cual fuera su sorpresa ver sentado al hombre en el sofá de la habitación.
Ella pegó un grito al cielo y casi le cae a golpes al hombre, pero él solo estaba sentado con su mano en la barbilla.
"¡Señor Johnson, ¿ya no nos habíamos puesto de acuerdo en las cláusulas siguientes? ¿por qué está rompiendo reglas? él la miró con astucia y respondió a su pregunta de manera descarada.
"Esta casa es mía, también esta habitación es mía" ella puso sus ojos en blanco, al oír dar sus explicaciones tontas, estaba endiablada.
"Pueda que usted sea el dueño de todo, pero eso no le da el derecho de entrar y salír de la habitación de sus invitados" dijo Estrella.
"Usted no es una invitada nada mas, es mi legítima esposa, estoy en la habitación con mi mujer" dijo sonriendo pícaramente.
Al decir la palabra "mi mujer" Hanes se sintió grato de decir esas palabras, esa afirmación le hacía sentir bien y a la vez quería repetir diciendo mi mujer.
Pero Estrella abrió la puerta de la habitación y exigió que se fuera.
"¡Sal de esta habitación ahora! Usted puede ser el dueño del planeta, pero respeta el espacio de otros"
Nunca antes Hanes había sido desafiado así por una persona, menos una chiquilla de mujer.
Hanes era un hombre alto, su medida era de 1.90 metros, acuerpado de manera proporcional, un cuerpo delgado y distribuido sus músculos, tenía hombros anchos y un cofre bien definido, su semblante era de un esculpido fino y sus ojos almendrados le daba un toque angelical.
Cuando se puso de piés y dió tan solo tres largos pasos, ya estaba frente a la jovencita que con suerte su estatura le llegaba a su pecho, cuerpo delgado y cintura pequeña, sin nada de vientre resaltado, unos pechos pequeños y proporcionales al tamaño de su cuerpo.
Los dos frente a frente se podía ver la discrepancia en sus alturas, por su parte la joven tenía un semblante suave y bien enmarcada.
Ojos almendrados y piel con excesividad de blancura, nariz respingada y sus labios semi carnosos daba un toque de aleluya por ser gratificada con un rostro angelical y bello.
"¡No oses hablarme así otra vez!" dijo él, mientras que ella echaba chispa de esos ojos color ámbar.
"¡Y que si te hablo así!" dijo desafiante, ella hasta retorció su mandíbula, "te hablaré así cada vez que me faltes el respeto" prosiguió molesta.
"Acostúmbrate a que yo entraré y saldré de donde me plazca, y tú vas a tener que soportarlo, por el simple hecho de que yo te compré" dicho eso salió de la habitación a zancadas.
Estrella cayó al piso a llorar, empezaba a sentirse martirizada.
El hombre se pasó las manos por su cabello, se sintió abrumado y enojado, desde ayer se había enojado tantas veces que ya ni pensaba en su verdadero problema, el desamor con su ex.
Espera, ya ni le preocupaba la situación de Lilian, al contrario, ahora estaba enojado con esta pequeña mujer del demonio, se dijo mirando hacia la habitación.
Ella debía ayudar a su padre a cancelar lo más pronto posible esa deuda y así liberarse.
Debía irse de la vida de este pedazo de hombre, se dijo llorando, Estrella era una joven fuerte, pero también sensible, no se dejaría pisotear por el ego crecido de este hombre malvado, pensó.
Se levantó y se vistió, queria irse de ahí, pero también debía ir al hospital a visitar a su padre que aún seguía convaleciente.
Al salir de su habitación, vió a Mika la empleada que venía por ella, ella frunció el ceño y dijo: "¿desea algo?"
"¡Si!" dijo Mika.
"El señor lo invita a cenar" ella solo caminó escaleras abajo y dijo.
"No cenaré, me excusas con él señor" dicho eso se marchó. Mientras que la empleada quedara con la boca abierta mirando en dirección a la salida.
Esa mujercita se había dado el lujo de despreciar a su jefe, había trabajado muchos años en esta casa, siempre veía que alguna mujer buscara la manera de quedarse a solas con el señor Hanes y él siempre fuera arisco, pero ahora era todo lo contrario.