—¡Me duele! ¡Me duele muchísimo! ¡Cuidado, maldita! Deja de fijarte en mi marido y haz tu puto trabajo. La enfermera crispó los dedos, en señal de molestia, pero era una simple empleada, y la que estaba en la camilla berreando como cabra loca era una de las clientas VIP del resort. Ni siquiera había notado a Peter cuando trajo a la mujer accidentada. Ella era la responsable de la enfermería y aparte era lesbiana, pero nada haría que la mujer que tenía frente a ella cambiara de opinión. —¿Qué sucede aquí? La voz seca, dura y varonil del tipo de bata blanca hizo que Lizzie reaccionara y dejara de hacer escándalo, aunque gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. —Yo… yo sufrí un accidente al bajar del yate. Una maldita zorra me empujó y estuve a punto de… Respondió haciéndose la mártir,

