La mañana los sorprendió desnudos y satisfechos a los dos. Esa noche casi no habían descansado, pero aún así pudo identificar esos pequeños pasitos, pues Peter ya los conocía muy bien. Así que como pudo, cubrió el hermoso cuerpo de su sirena antes de que entrara el huracán Tory a "despertarlos." —Buenos días —dijo con voz ronca y somnolienta. —¿Te desperté? —preguntó Tory en un susurro. —Para nada, ya estaba despierto y te escuché andar por el pasillo —dijo sonriendo somnoliento. —¡Ush! Quería entrar como ninja, pero si escuchaste mis pasos no se puede… ¡Esto es muy es injusto! La pequeña se enfurruñó e hizo un puchero con sus pequeños labios, y eso hizo que Peter sonriera con ternura. —No te enojes, pequeña sirena. Dime, ¿qué nos tienes preparado para hacer hoy? —Mmmm... Creo que q

