—Por si no te queda claro, te lo diré explícitamente para que no quede ninguna duda: Deja de meterte con nosotros “Falcone”— escupió con saña Lizzie, aunque en su cabecita desequilibrada quería lanzar por la borda a esa maldita bastarda y su bastardita — . Peter es mi esposo. MÍO, SOLO MÍO. ¿Ok? Para Lizzie, Vicky Falcone no merecía ni siquiera su mirada, o eso pensaba, pero ahora que estaba frente a ella y con toda la mierda que pasaba con Peter intuía que esa pelirroja, hija del demonio de Patrick Falcone, sería más leña al fuego y no en el sentido en que lo quería ella. Y ella haría que ese fuego despertara, porque Peter era suyo, de nadie más. Se dio la media vuelta y dejó a madre e hija, ya había soltado su veneno, así que iría por quien le importaba. SU ESPOSO. Así era ella, un

