Eleanor… –Podemos hablar en privado. –Pero la compañía de Alice es fantástica, así que no veo ningún inconveniente –comentó Carlton. Desde hace una hora hemos terminado de comer, aunque el servicio sigue trayendo algún tipo de aperitivo y licor para ellos, no puedo creer que no puedo tomar nada, es un jodido castigo, no entiendo por qué a Alice nunca le gustó el licor. La tortura fue peor cuando Carl buscaba cualquier pretexto para deshacerse de mí, yo estaba por irme, pero Carlton no me dejaba salir, así que volvía a tomar mi lugar, esto no me hace gracia. –En la oficina tengo los documentos –comentó Carl –. Le aseguró que ahí estaremos más cómodos. –Y los documentos están pegados a la pared o alguien puede ir por ellos –cuestionó Carlton. Carl apretó la mandíbula, odiaba que

