“En el abismo del dolor, la batalla más intensa no es contra los demás, sino contra uno mismo.” — Honoré de Balzac El pasillo del hospital se extendía silencioso y helado frente a Dante. Sus puños estaban tan apretados que los nudillos se habían vuelto blancos, y la respiración le salía entrecortada, como si con cada exhalación tratara de sofocar el fuego que ardía en su pecho. Edward lo observaba desde unos pasos atrás, cruzado de brazos, con una mezcla de fastidio y preocupación. Soltó un largo suspiro recordando como a regañadientes, lo había tomado del brazo para alejarlo de la habitación de Celina. Lo que menos necesitaba su amigo era otra escena en medio de aquel lugar cargado de tensión. Una vez que lo tuvo sentado en una de las mesas de la cafetería del hospital, lo miró fij
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