Alicia:
Sentí como el agua me empapaba la cara, era evidente que llovía y yo estaba a la intemperie, pero mis ojos se negaban a abrirse y mi cuerpo parecía no querer obedecer ninguna orden que le diera. Me dolía todo, absolutamente todo. El frío calaba mis huesos, me encontraba casi desnuda y no podía dejar de temblar, lo hacía de miedo y de frío, pero más de miedo, pues estaba aterrada y desorientada. Otra vez le ordené a mis ojos abrirse y a mis piernas moverse, pero ninguno de los dos me obedeció, tampoco mis brazos, ni siquiera los dedos de las manos. De pronto escuché una voz a lo lejos, era más como un murmullo. Quise gritar para pedir ayuda pero mi garganta no pudo emitir sonido alguno. No llegué a distinguir sus palabras hasta que sentí que me cubrían con algo, un hombre me cogía en brazos y me recostaba a su pecho
‒ Renzo, abre el coche y ve llamando al Doctor, vamos a casa.
‒ ¿Está bien?
‒ No, no lo está, pero al menos respira
No reconocí ninguna de las voces, en realidad no reconocía nada, ni siquiera si era de día o de noche. Solo que llovía y hacía frío. Recosté mi cabeza en su pecho, por algún motivo me sentía a salvo en sus brazos, y mi cuerpo comenzaba a reaccionar, hasta que me volví a desmayar.
Luka:
Desde que Alicia había desaparecido, mi vida era un calvario. Casi no dormía y si la Nana no me obligaba a comer, no lo hacía. Pasaba pendiente al teléfono, tenía a mis hombres peinando cada rincón del país, seguía cualquier pista que me llegaba por más improbable que pareciera. No dejaba nada al azar.
‒ Debes descansar Luka - solía aconsejarme mi amigo, y mi respuesta era siempre la misma
‒ No Renzo, descansaré cuando recupere a mi esposa
‒ Te entiendo, pero debes pensar en tus hijos, ellos te necesitan, más ahora sin su madre
‒ Ellos están a salvo. Sé que estoy un poco ausente, pero en un futuro lo entenderán
‒ El tiempo que le niegas a los ni*ños no lo recuperarás jamás, lo sabes bien, si tú estás sufriendo, imagínate ellos. No saben qué pasó con su madre y su padre los ignora
‒ ¡Mier*da Renzo! Tu sí sabes siempre donde clavarme el puñal - él sonrió y palmeó mi hombro
‒ Anda amigo mío, ve con ellos y dales el beso de las buenas noches que seguro están esperando de manera ansiosa
‒ Tienes razón, iré ahora mismo.
Seguí el consejo de mi amigo y fui a ver a los niños. Pero Renzo se equivocaba, pues lejos de esperar mí beso de buenas noches de manera ansiosa, ellos dormían plácidamente, estaban ajenos a lo que sucedía, yo les había dicho que su madre había tenido que hacer un breve viaje y que regresaría pronto.
Queda mal que yo lo diga, pero eran perfectos, hermosos e inteligentes. Una ni*ña y un ni*ño, gemelos de 3 años. Tenían los ojos de su madre, eran de un ne*gro intenso y muy expresivos. Yo adoraba la familia que había formado con Alicia, la mujer que amaba con locura y me había dado esos dos seres tan maravillosos como lo era ella. Me senté al borde de la cama de Tiara, mi ni*ña bella, despejé el cabello que le caía en el rostro, acomodé la ropa de cama, le besé en la frente y me fui a la cama de Saúl, repetí el ritual, pero él despertó y, sentándose en la cama, me abrazó
‒ Papi, ¿cuándo vuelve mami?, ya la extraño
‒ Yo también mi amor, la extraño mucho, pero no te preocupes, ella ya está por regresar
Se me rompió el corazón en mil pedazos, le había mentido a mí ni*ño, pero no me quedaba otra alternativa ya que no tenía ni idea de cuándo volvería su madre, ni siquiera si lo haría.
Ese último pensamiento turbó mi mente, no quise llorar ante él, así que le arropé y abandoné la habitación. Al salir me encontré con Renzo que venía en mi búsqueda
‒ Luka, creo que la encontraron
‒ ¿Que…? – pregunté ansioso mientras me secaba las lágrimas de los ojos con las manos
‒ Eso, los chicos creen haberla encontrado.
‒ Vamos por ella Renzo, ¡vamos ya!
Nos metimos dentro del coche y sin perder más tiempo, fuimos al sitio indicado a toda velocidad. Demoramos una hora aproximadamente, fue la hora más larga de mi vida. Renzo tuvo que golpearme el hombro varias veces para que me calmara y dejara de gritarle a David, el chofer, que acelerara. Al llegar al lugar, mis hombres, unos 6, estaban formando un círculo muy amplio y en el medio, recostada en el mojado suelo, estaba ella. Nadie la había tocado, pues mis órdenes eran muy claras, si alguien le ponía una mano encima, ajeno a mi o a Renzo, era hombre muerto
‒ ¿Cómo es que no la han levantado?
‒ Señor, usted fue muy claro respecto a eso
Yo más furioso no podía estar. Llovía torrencialmente y allí estaba Alicia, recostada en el pavimento mojado y recibiendo toda la lluvia que caía sobre su delicado cuerpo.
- Los mataré a todos…
Y comencé a golpearlos de una forma enajenada, hasta que Renzo me abrazó para detenerme
‒ Luka calma
‒ Los voy a matar…
‒ Mírame - me tomó el rostro con ambas manos - mírame Luka
Yo no veía nada, estaba fuera de control, solo quería desquitarme con alguien los días de angustia y ellos me habían dado la excusa perfecta
‒ Voy a matarlos - seguí repitiendo
‒ No seas imbécil Luka, primero encárgate de tu esposa…
‒ Mi esposa…- murmuré, la había olvidado por un segundo, volteé y la volví a ver en el pavimento empapándose
‒ Sí, Alicia, tu esposa - suspiró aliviado pues había logrado calmarme - primero encárgate de ella y luego yo te ayudo a matarlos a todos
En ese momento recordé el rostro de mi hijo preguntando por su madre y diciéndome que la extrañaba. La escena de Alicia en el suelo y Saúl mirándome, con sus ojos llenos de lágrimas, hicieron que mi corazón se estrujara al punto de dolerme. Me acerqué a ella, la escuche sollozar, me quité la chaqueta para cubrirla y la cogí en brazos. Era peso muerto, no reaccionaba, apenas sí respiraba. La recosté a mi pecho y corrí al en coche.
‒ Renzo, abre el coche y ve llamando al Doctor, vamos a casa.
‒ ¿Está bien?
‒ No, no lo está, pero al menos respira
‒ Luka mejor llevémosla al hospital que está a cinco minutos, la casa está a una hora
‒ Tienes razón
Yo no estaba razonando con claridad, por suerte tenía a Renzo que siempre encontraba la solución perfecta y la palabra justa cuando me veía perdido.
Ya en el coche, la senté en mi regazo y recordé que me había confesado que, a pesar de haberla raptado aquel día, se sentía segura recostada a mi pecho, así que la abracé para pegarla a mí lo más que pude. Estaba inconsciente pero podía oírla sollozar. La miré, estaba casi irreconocible, su cara inflamada, sus ojos de tan hinchados los tenía cerrados, tenía un profundo corte en la frente y sangre seca al rededor con su cabello pegado a la cara. Saqué mi pañuelo del bolsillo, abrí la ventanilla y dejé que se mojara con el agua de la lluvia. Luego comencé a
limpiar su rostro con suma suavidad. Despejé el pelo de su herida y la limpié lo mejor que pude. Ella emitía un apagado quejido, eso estrujaba mi corazón, ya quería que me contara todo para poder ejercer justicia con mis propias manos. De pronto su mano se apoyó sobre la mía y la apretó, no con mucha fuerza pues estaba muy débil.
Besé su frente mientras la estrechaba aún más, quería que me sintiera, que sintiera que estaba otra vez a salvo en mis brazos. Pareció sonreír, pero creo que fue más un reflejo de dolor
‒ Alicia, mi amor, ya te tengo, estás a salvo y nada volverá a pasarte, te lo juro. Los ni*ños te esperan en casa y todo volverá a la normalidad. Te amo…
Dicho ésto, ella solo se recostó a mí y suspiró, mientras yo comencé a llorar desconsoladamente como un crío. Renzo, quien iba adelante con el chofer, no quitaba los ojos del espejo retrovisor, me observaba, en silencio, pero intensamente. Creo que nunca me había visto tan afectado por nada. También sabía que pasado este momento, iría por los responsables y los haría pagar con creces lo que le habían hecho a mi esposa.
‒ Llegamos al hospital Luka
Interrumpió de golpe y el coche se detuvo. Salió a toda prisa y me abrió la puerta. Bajé con Alicia en mis brazos e irrumpí en la sala de emergencias.
Renzo corrió delante mío para abrirme paso. Buscó una enfermera que nos recibiera de inmediato y le pidió a otra que contactara al doctor Santino, era mi médico de confianza y trabajaba allí.
De inmediato la ingresaron a un bóxer y la acostaron en la cama. Lógicamente poco les importó que yo fuera su esposo y me echaron de allí
‒ Déjelos revisar a su esposa tranquilos y cuénteme a mí que es lo que sucedió con ella