Roció se armó de valor diciendo. “Yo… si deseo algo…y mucho”. Bajo la mirada tímida.
Emanuel entendió. “Lo hablaremos en la noche”.
Roció alzó su mirada con una gran sonrisa. “¿En serio?”.
Emanuel afirmó. “Te veo en casa”.
Roció subió al auto y Pamela la felicitaba por ser valiente. “Vez, Te dije que si te comunicas más con él la relación prosperará”.
Roció asintió sobre lo que su concuña decía, pero no le importaba mucho, estaba muy feliz porque festejará su aniversario juntos.
Pamela parloteaba. “Debes hacer algo casero y rico…mmmm. Y un buen vino”. Tuvo una idea. “¡Ah! Vamos al centro comercial, te llevaré a comprar lencería sexy”.
Roció giró a ver a la mujer. “¿Qué? ¿Cómo crees? ¡Qué vergüenza!”.
Pamela la regañó. “Roció a este paso lo perderás, su vida es tan monótona, debes ser atrevida para que él esté más interesado”.
Roció no dijo ya nada, era cierto, aunque estaban casados la relación de ellos era muy insignificante, Emanuel estaba completamente ocupado con el negocio, a veces llegaba muy tarde y pocas veces tenían relaciones íntimas, las conversaciones eran cortas y rápidas, Roció no quería más eso, lo amaba, temía perderlo.
Pamela la arrastró por todas las tiendas, compraron un sinfín de cosas, en la tienda de lencería, la mujer pelirroja le media a Roció los conjuntos encima de la ropa, la chica estaba muy avergonzada. Pamela no dejaba de parlotear mientras le daba algunos consejos de cómo ganar el corazón de Emanuel. Roció escuchaba atenta a todas las indicaciones.
Por la noche…
Emanuel llegó a la casa que fue el regalo de bodas de sus padres, era muy grande y elegante, en la mejor zona de la ciudad, se quedó en el auto por unos minutos, estaba dudando en entrar, suspiro largo y decidió entrar.
Al abrir la puerta, Roció apareció con un lindo vestido rojo, ella se alegró de verlo. “Llegaste”.
Emanuel asintió y caminó por la gran sala podías percibir una atmósfera relajada y romántica, las luces estaban apagadas y había velas encendidas por todos lados. Roció notó que Emanuel examinaba todo. Sus mejillas al instante se tiñeron de rojo. “Fue idea de Pamela… Si no te gusta lo quitare”. Ella quería encender las luces, pero Emanuel la detuvo. “Está bien, es muy bonito”.
Roció se calmó. “Vamos a cenar”.
Ya en la mesa conversaron un poco del día, Roció le contó sobre su visita al centro comercial con Pamela, Emanuel la escuchaba en silencio mientras comía.
Después hubo un largo silencio cuando Roció no supo qué más decir, nerviosa se mordió el labio.
Emanuel dejó los cubiertos y se limpió la boca. “Me comentaste que deseabas algo especial. Puedes decirme que es lo conseguiré”.
Roció vivía en una gran casa, tenía todo el dinero que quería, no le faltaba nada material, Emanuel era muy atento y siempre estaba dispuesto a satisfacerla.
“Yo…” Ella se puso nerviosa, se levantó de golpe. “¡Traeré el postre!”. Corrió a la cocina, Emanuel frunció el ceño. Actuaba muy extraña.
Degustaron la tarta y decidieron subir a la habitación, ella esperaba en la cama recién bañada, llevaba su bata y debajo la lencería que Pamela le ayudó a comprar. Emanuel se daba una ducha, cuando salió vio a la mujer esperándolo en la cama, secó su cabello y caminó hasta ella sentándose a su lado, entendía lo que ella deseaba, levantó su barbilla y beso sus labios muy despacio, la recostó mientras ella estaba agitada y se colocó encima, siguió besándola.
Roció cerró sus ojos por un momento disfrutando de la sensación, Emanuel retiró la bata encontrando el lindo conjunto rojo que llevaba su esposa, la miró por un momento, ella estaba completamente sonrojada. Sonrió y volvió a besarla.
Emanuel estaba a punto de introducirse y buscaba el preservativo, Roció lo detuvo tomando su mano, lo miró fijamente y se armó de valor. “Deseo… ser mamá… Deseo un hijo”.
Un silencio invadió la habitación, ambos se miraban fijamente, Emanuel no podía contestar. “Quiero un bebé”. Repitió Rocío.
Él se levantó sentándose en la orilla de la cama, recargó sus codos en las rodillas. Roció lo abrazó por detrás. “¿No quieres ser papá?”.
Emanuel acarició la mano de la mujer. “Si, pero… creo que no es el momento”.
Roció reclamó con timidez. “Hemos estado casados por cuatro años, siento que estoy lista Tú ¿No?”.
Él se quedó en silencio pensando una excusa. “Tengo demasiado trabajo en la compañía, creo que todavía no es el momento”.
Roció se entristeció bajando su rostro, se alejó de él. Emanuel se giró levantando su barbilla para que lo mirara. “Dame algo de tiempo”.
Ella afirmó en silencio. Emanuel volvió a besarla y siguió el acto.
Más tarde se levantó al notar que la mujer desnuda dormía profundamente, salió de la habitación hasta su despacho donde se encerró, abrió su laptop, inmediatamente le pidió la contraseña que él colocó, al hacer esta acción, la pantalla mostró un video en el escritorio, Emanuel hizo clic para reproducirlo y se escuchó. “Hoy tenemos en el estudio a la famosa entrenadora de las estrellas… Bienvenida”. Dijo la reportera.
En las imágenes mostraban a Grecia con una gran sonrisa siendo entrevistada. Emanuel estaba atento a cada gesto, cada sonrisa, cada movimiento de su cuerpo, el video lo aprendió de memoria sin embargo no podía dejar de mirarlo, no podía dejar de mirarla…
Por la mañana
Mientras la pareja desayunaba, el teléfono de Emanuel sonó, al ver quien era no quería contestar. Después sonó el de Roció, ella lo tomó leyendo la pantalla. “Es tu padre”.
Emanuel cerró el periódico, Roció amablemente contestó. “Buenos días”.
El hombre solo dijo la frase. “Comunícame con Emanuel”.
Ella le entregó a su esposo el teléfono. Emanuel lo tomó de mala manera. “¿Qué quieres papá?”.
El señor Gustavo Alarcón recriminó. “¡Ah! Recuerdas que tienes un padre. Tú y tu hermano se olvidan de su familia”.
Emanuel se apretó los ojos, siempre discutía con su padre, era un hombre muy difícil y terco, a él y Farid les exigía mucho mientras a su hermana la consentía en todos los sentidos, es por eso que ella era muy malcriada.
“¿Cuándo piensan darme un nieto tú y tu hermano? El legado de los Alarcón debe seguir y yo me estoy haciendo viejo”.
Emanuel lo dejó hablar todo lo que quería, colocando el teléfono en la mesa y con el altavoz, siguió comiendo ignorando las palabras de su padre. Roció solo miraba a Emanuel en silencio y terminaba de comer.