(...) Cabaña Escondida / Mountains Lands
Abriéndose entre inmensas cordilleras, está tierra era un refugio para los que les gustaba distanciarse de la tecnología y la modernización de las ciudades, era un escondite perfecto para todos los que deseaban descansar de su cotidianidad, aunque para este grupo, eso ya no sería un problema, pues lo más posible es que no gozarán de ella nunca más.
La pequeña abrió sus ojos con pesadez, como si le doliera hacerlo, se sintió cómoda pero pérdida, descansaba en una cama suave y costosa, le recordaban su vida, sin embargo, no era la suya, los alrededores de la habitación también eran distintos, madera en su mayoría, no habían detalles, adornos, juguetes o muebles y una ligera capa de polvo cubría las cosas, como si recientemente hubiesen llegado hasta ese sitio.
Un olor casi celestial la invitó a bajar, este llegó directo hacia ella, como si fuera su objetivo, su estómago rugió con fuerza, la rubia se decidió y salió del cuarto, dándose cuenta de que estaba en el primer piso de la construcción, bajo las escaleras y llego hasta la sala, justo al lado yacía la cocina, esperaba ver a su madre allí o por lo menos a la señora que solía preparar cosas deliciosas, pero al entrar encontró alguien distinto.
—Despertaste pronto tesoro, planeaba llevarte el desayuno a la cama —Expreso con ternura Venet, quien llevaba una camiseta y unos shorts, finalmente una ropa que no tenía elegancia.
—Señor... —Su semblante tembló y por un segundo revivió todo lo que había sucedido en su amada casa — ¿Qué es la comida? —Cuestiono ignorándolo, aguantando sus lágrimas.
—Oh... —Se sorprendió el canoso al no tener que consolarla —Bueno son huevos fritos, tocino, pan y un poco de vegetales salte---- ¡Rayos! —Grito al quemarse con un poco de aceite que brinco a su brazo.
La pequeña río ante lo que pasó, aunque su sonrisa rápidamente se esfumó, sin decir otra cosa se aproximó a la mesa que yacía al lado del hombre, tomo una silla y se disponía a sentarse, pero otra cosa llamo su atención, una pequeña biblioteca al lado de la chimenea central del recibidor. De entre los libros, escogió el más llamativo de todos, uno que mostraba caballeros, dragones, princesas y magos "La Leyenda del Rey Arturo y la Espada en la Piedra"
—Vaya ¿Te gusta la literatura pequeña? —Comento con detenimiento el canoso, colocando cuatro platos en la mesa.
— ¡No! —Grito poniéndolo de nuevo en su lugar —Me llamo la atención los dibujos —Se excusó con pánico.
—Oye no te preocupes, puedes tomarlo y leerlo, es una versión infantil, créeme es mejor que la original —Aseguro ladeando la cabeza mientras reía, recordando las infidelidades, traiciones y desastres de los mitos clásicos.
— ¿En serio? —Dudo sin dejar de verlo.
—Por supuesto, cuando crezcas un poco más podrás ver los que quieras —Garantizo alzando su pulgar, para luego servir los cafés, uno n***o y tres con leche.
La muchacha por un momento se emocionó bastante, cogió el texto y comenzó a ojearlo, maravillada por las increíbles ilustraciones, la fascinante atmósfera y los alucinantes paisajes, volvió a la página uno y la leyó con velocidad, ciertamente era genial, se sentía dentro de aquel mundo mágico y ansiaba conocer cada detalle, pero su estómago rugió, sacándola de sintonía.
— ¡A comer! —Grito con fuerza al tener todo servido, asomándose por la ventana —Esos estúpidos tortolos no me escuchan, bueno tendrán que esperar, no iré a buscarlos ahora —Al voltear se sorprendió, la pequeña ya estaba sentada, con una mano comía y con la otra leía.
—Tiene una bonita casa señor —Musito la infante.
—Gracias, me la dieron por trabajar demasiado —Expreso con cierta nostalgia, recordando su pasado —Esta algo sucia, tenía tiempo sin venir —Se disculpó con la chiquilla.
—Igual esta linda —Contesto pasando la página.
—Está saliendo mejor de lo que esperaba —Pensó feliz, sentándose a su lado —Tienes buen gusto Eva —Declaro Ludovick tomando un poco de su caliente bebida.
— ¿Que es buen gusto? —Pregunto pérdida la niña.
—Es cuando... Elegimos algo de buena calidad —Comento intentando darse a entender.
—Hm... ¿Y que es buena calidad? —Inquirió en su intriga.
—Bueno, es algo muy bueno, que dura mucho tiempo —Simplifico sus palabras, notando que ya había olvidado como hablarle a un infante.
—Me gusta señor, usted si me explica cosas y me deja leer —Sonrió feliz la muchacha, riéndose ante un chiste que hacía Merlín —Me gusta este libro —Celebro alegre.
—La verdad, es que se mucho, las personas no dicen lo que no saben —Alego Venet comiendo una rebanada de pan.
—Papá si sabe, pero no me dice nada "Cuando seas grande tesoro" "Las niñas no necesitan leer esas cosas, solos ser lindas y atentas" —Recordó las palabras con cierta rabia —Solo mamá me leía al dormir... Mami... —Sus ojos se aguaron mientras recordaba esos momentos, sus sonrisas, sus regalos e incluso sus castigos, entregaría todo por volver a eso —Están... No... —Balbuceo llorando, bajándose de la silla y corriendo hasta la salida.
— ¡Eva! —Exclamo viendo cómo esta abría la puerta y corría con todas sus fuerzas.
La realidad dolió como una fractura, su corazón se rompió en un millar de partes, incluso si no entendía bien la muerte, la conocía lo suficiente como para razonar lo que significaba, sus padres yacían en el cielo y de allí nadie volvía, no los volvería a ver hasta que ella misma muriera. Se adentró en los árboles y comenzó a dar vueltas en círculo, no sabía a donde ir, no tenía a donde ir, su hogar fue destruido por completo, junto a su pequeña inocencia.
—Días difíciles… ¿Verdad princesa? —Pregunto Tomás apareciendo frente a ella, con la respiración algo agitada.
—Tu... Eres el enamorado de yami, el gato feo —Recordó la rubia agarrándose a un tronco.
—Que buena forma de describirme —Suspiro con una risa, recobrando el aliento —Princesa, se lo que sientes, yo viví lo mismo que tú y aunque ahora no lo entiendas, cuando crezcas lo harás, al menos tienes una ventaja, yo a tu edad, quede solo, pero... Tú no estás sola —Argumento, volteando a ver a las dos figuras que se acercaban corriendo detrás de él — ¡Por aquí!
Inoue y Ludovick apenas y podían respirar, la distancia que ella recorrió fue inmensa, solo que con el apoyo de las nanomaquinas ni siquiera lo noto, se quedó brevemente viendo la escena y entonces se dio cuenta, sí, el dolor no se iba y seguramente no se iría, pero allí estaban ellos, dándoles todo su amor y preocupación, como los súbditos más leales de su pequeño reino. Su pánico se fue deteniendo, vio con detenimiento todo a su alrededor y supo que este era su futuro, aun sin estar clara en lo que eso significaba.
— ¡Ven princesa! La comida se pondrá fría —Le dio la espalda Hutson, sintiendo los pasos de la menor que lo iban siguiendo, contentando a su novia y al señor, quienes corrieron hasta ella, dándole un abrazo.
Esta extraña familia se dirigían a compartir la mesa, sin pensar en las mismas cosas o conocerse lo suficiente, eran ahora mismo lo único que tenían y la verdad no estaba tan mal, pues el sentimiento de responsabilidad y cariño que la dulce señorita les entregaba, les daba ánimos de seguir adelante, esperanza de un destino que pudieran llamar hogar.